De participantes a premonitores

Pilar Algarate Pilar 11 de Agosto de 2026

22 adolescentes de entre 15 y 18 años han terminado en La Hiruela una semana de formación, convivencia y aprendizaje para descubrir qué significa acompañar a niños, niñas y jóvenes desde la educación en el tiempo libre.

En una de las paredes del albergue de La Hiruela todavía queda el cuadrante de tareas. Hay nombres escritos a mano, flechas, cambios… Desayuno, comida, cocina, cena, baños.

Puede parecer simplemente la organización necesaria para convivir durante unos días. Pero ese papel cuenta bastante bien lo que han vivido los 22 adolescentes que han participado en el Curso de Premonitores y Premonitoras de Tiempo Libre, organizado por las parroquias de la Sierra del Rincón, Vicaría I, en colaboración con Cáritas Diocesana de Madrid.

Porque para aprender a acompañar a un grupo hay contenidos, dinámicas y herramientas que conocer. Pero también hay que organizarse, escuchar, trabajar con otras personas, asumir responsabilidades y saber que lo que hacemos —o dejamos de hacer— afecta al resto.

Y ahí también había curso.

Aprender haciendo

Durante estos días, el grupo ha trabajado dinámicas de grupo, animación sociocultural, trabajo en equipo, organización de actividades educativas y acompañamiento de niños, niñas y jóvenes.

El curso ha sido impartido por profesorado de la Escuela de Tiempo Libre de Cáritas Diocesana de Madrid, desde una metodología muy práctica y participativa. No se trataba solo de aprender cómo preparar un juego o una actividad, sino de empezar a entender todo lo que hay detrás.

Muchos de los chicos y chicas están acostumbrados a participar en actividades de ocio, campamentos o encuentros. Esta vez la propuesta era cambiar de lugar.

Pensar cómo conseguir que todo el mundo participe. Estar pendiente de quien se queda más atrás. Aprender a escuchar. Organizarse con otras personas. Resolver los pequeños conflictos que inevitablemente aparecen cuando se convive. Y descubrir que ser monitor o monitora tiene mucho más que ver con acompañar que con entretener.

También hubo tiempo para mirar hacia dentro

La formación técnica ha compartido espacio con otra parte importante de estos días: el acompañamiento personal y espiritual.

Fernando Sanz, párroco de La Hiruela y Clérigo de San Viator, ha acompañado al grupo durante la experiencia, generando también momentos para detenerse, compartir y descubrir desde dónde queremos estar al servicio de otras personas.

Una dimensión que forma parte del camino que desde hace años se viene impulsando desde las parroquias de la Sierra del Rincón: ofrecer a las personas jóvenes espacios donde encontrarse, crecer, comprometerse y descubrir que también ellas tienen algo que aportar a su comunidad.

Una semana para probarse

La convivencia ha hecho el resto.

Las mesas bajo las carpas han sido comedor, aula y lugar de conversación. La cocina se ha convertido en otro espacio para aprender a trabajar en equipo. Y cualquier sombra junto al albergue ha servido para sentarse en círculo, hablar o preparar la siguiente actividad.

Ha habido tiempo para descubrir capacidades, asumir responsabilidades y también equivocarse. Porque aprender a acompañar pasa necesariamente por probar, revisar lo que no funciona y volver a intentarlo.

Los 22 adolescentes regresaron a Madrid con una primera experiencia como premonitores y premonitoras. Para algunos, quizá sea también el comienzo de un camino que continúe en parroquias, campamentos, proyectos educativos o experiencias de voluntariado.

¿Y después de premonitores?

El siguiente paso puede ser formarse oficialmente como monitor o monitora.

A partir de los 17 años, la Escuela de Tiempo Libre de Cáritas Diocesana de Madrid ofrece los cursos oficiales de Monitor/a y Coordinador/a de Tiempo Libre, para seguir profundizando en el acompañamiento y en el valor educativo del ocio y el tiempo libre.

Más información sobre los cursos de Monitor/a y Coordinador/a de Tiempo Libre⁠: https://www.caritasmadrid.org/assets/2026-07/CURSO-MONITORES-COORDINADORES-TIEMPOLIBRE-CARITAS_0.pdf

Porque quizá eso sea lo más importante que deja La Hiruela: descubrir que después de haber participado tantas veces, también llega el momento de ser quienes preparan, escuchan, cuidan y acompañan a quienes vienen detrás.

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