El monte: subir para aprender a escuchar

Pilar Algarate Pilar 1 de Marzo de 2026

Lecturas: Gn 12,1-4a · Sal 32 · 2 Tim 1,8b-10 · Mt 17,1-9

Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y los lleva a un monte elevado. Subir no es cómodo. Requiere esfuerzo, decisión y silencio. No se sube distraídamente.

En la cima, los discípulos contemplan la luz de Cristo transfigurado. No es una evasión de la realidad, sino una revelación: el camino de la cruz está sostenido por la promesa de la vida.

Y en medio de esa experiencia resuena una voz clara: “Escuchadlo”.

La Cuaresma nos invita a esta doble dinámica: subir para aprender a escuchar y bajar para vivir de otra manera. La escucha no es pasividad; es apertura profunda. Es dejar que la Palabra ordene nuestros pensamientos y nuestras decisiones.

En un mundo lleno de ruido, opiniones rápidas y juicios inmediatos, escuchar se convierte en un acto contracultural. Escuchar a Dios en la Palabra. Escuchar el clamor de quienes sufren. Escuchar las historias concretas de las personas que acompañamos.

La escucha es el primer gesto de justicia. Antes de actuar, estamos llamados a acoger la realidad con humildad.

Subimos al monte para volver a la vida cotidiana con una mirada más luminosa y un corazón más dispuesto al servicio.

Lectura del Evangelio: Mt 17,1-9

Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo». Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis». Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Para la reflexión:

  • ¿Qué voces ocupan mi interior y orientan mis decisiones?
  • ¿Escucho verdaderamente o solo espero mi turno para hablar?
  • ¿Qué personas necesitan hoy una escucha atenta y respetuosa?
  • ¿Cómo puede la oración transformar mi forma de acompañar?

Oración

Señor Jesús, condúcenos al monte del silencio y la confianza. Enséñanos a escuchar tu voz en la Palabra y en la vida concreta. Haznos personas capaces de acoger, de sostener y de caminar junto a quienes más lo necesitan. Que tu luz renueve nuestra esperanza y fortalezca nuestro compromiso. Amén.

Gesto para la semana

Encender una vela en un momento de oración. Guardar unos minutos de silencio real. Durante la semana, practicar una escucha consciente: sin interrumpir, sin juzgar, sin anticipar respuestas.

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MARCAPÁGINAS: II DOMINGO CUARESMA
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