La vida se abre paso

Pilar Algarate Pilar 22 de Marzo de 2026

Lecturas: Ezequiel 37, 12-14 · Sal 129 · Romanos 8, 8-11 · Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45

En el Evangelio de este domingo (Jn 11), Jesús se encuentra con el dolor de Marta y María ante la muerte de su hermano Lázaro.

Y, ante ese sufrimiento, Jesús se conmueve profundamente. 

No es un Dios distante.

Es un Dios que se acerca, escucha y llora con las personas que sufren.

En medio de la oscuridad, pronuncia una palabra decisiva:

“Yo soy la resurrección y la vida”.

La Cuaresma nos invita a mirar de frente el dolor, la pérdida y la fragilidad…

pero también a descubrir que la última palabra no es la muerte, sino la vida.

Creer es confiar en que, incluso cuando todo parece cerrado,

Dios sigue haciendo brotar vida nueva.

Por eso, esta semana podemos acompañar este camino con un gesto sencillo:

una rama verde o una semilla,

signo de esa vida que ya empieza a despuntar,

aunque todavía no la veamos del todo.

Lectura del Evangelio: Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45

En aquel tiempo, Marta y María, las dos hermanas de Lázaro, le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a su discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”.

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Jesús se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Preguntas para la reflexión:

  • • ¿Qué situaciones de muerte o desesperanza estoy viviendo o acompañando?

    • ¿Creo de verdad que Dios puede abrir caminos de vida en medio de ellas?

    • ¿Cómo puedo ser presencia de consuelo y esperanza para otras personas?

Oración:

Señor, Dios de la vida,

que te acercas al dolor y lloras con quienes sufren,

haznos capaces de confiar en tu palabra incluso en medio de la oscuridad.

Cuando experimentemos la fragilidad o la pérdida,

recuérdanos que tu amor sigue actuando

y que la vida siempre tiene la última palabra.

Despierta en nosotras y nosotros una esperanza firme,

y enséñanos a ser presencia de consuelo y cuidado

para tantas personas que hoy viven situaciones de sufrimiento.

Amén.

Gesto para la semana:

Una rama verde o una semilla, signo de esa vida que ya empieza a despuntar, aunque todavía no la veamos del todo.

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