Carta de la directora adjunta
24 de Junio de 2026Carmen Polo Gutiérrez Directora adjunta de Cáritas Madrid
Hay acontecimientos que trascienden el momento en que suceden y pasan a formar parte de la memoria de un barrio, de una ciudad, de una comunidad… y también de la propia vida.
Así hemos vivido en Cáritas diocesana de Madrid la visita del Santo Padre León XIV a España: como un verdadero regalo para la Iglesia y para nuestra sociedad; como una llamada a mirar de nuevo a las personas más vulnerables con los ojos del Evangelio; y como una invitación a renovar nuestra esperanza y nuestro compromiso.
Madrid, Barcelona y Canarias fueron escenario de una visita cargada de gestos, palabras y silencios que nos han recordado que la fe se hace concreta cuando se convierte en cercanía, cuidado y compromiso con quienes más sufren.
Para la familia de Cáritas diocesana de Madrid, el sábado 6 de junio permanecerá para siempre en nuestro recuerdo. Ese día, el Santo Padre quiso acercarse a CEDIA, nuestro proyecto de acompañamiento a personas sin hogar, para encontrarse con algunas de las personas que acompañamos y con quienes hacen posible, cada día, esta presencia cercana y esperanzadora. Allí nos recordó algo esencial: que la dignidad humana nunca se pierde y que la Iglesia está llamada a permanecer cerca de quienes viven mayor fragilidad.
Fue un momento profundamente emocionante, en el que pudimos experimentar que formamos parte de una gran comunidad que camina unida al lado de quienes más lo necesitan.
Esta visita coincidió, además, con la celebración de nuestro Día de Caridad, que este año quedará inevitablemente unido a los preparativos y a la experiencia de la presencia del Santo Padre entre nosotros. El lema de la campaña, «Ama y camina en comunidad», ha cobrado un sentido especialmente hondo después de lo vivido. Porque si algo hemos experimentado estos días es que la esperanza crece cuando se comparte y que nadie puede recorrer el camino en solitario.
La campaña volvió a mostrar la fuerza de nuestra comunidad diocesana. Cerca de 500 mesas informativas y de sensibilización se distribuyeron por parroquias, calles y plazas de toda la diócesis gracias a la implicación de más de 5000 personas voluntarias. Personas que ofrecieron su tiempo para informar, sensibilizar y recordar que la pobreza, la exclusión y la soledad siguen estando presentes entre nosotros, pero también que hay muchas manos dispuestas a acompañar, sostener y abrir caminos de esperanza.
Esa imagen de miles de personas caminando juntas resume muy bien lo que somos. Cáritas no es únicamente una entidad que desarrolla proyectos sociales. Cáritas es, ante todo, la comunidad cristiana organizada para el servicio de la caridad; una comunidad que cree que otro mundo es posible cuando nos acercamos a quienes sufren, cuando compartimos lo que somos y tenemos, y cuando ponemos la dignidad de cada persona en el centro de nuestras decisiones.
En estas mismas semanas hemos presentado también nuestra Memoria 2025. Un documento que recoge el trabajo realizado durante el último año y que nos permite agradecer el compromiso de tantas personas, comunidades, empresas, instituciones y entidades colaboradoras. Pero, sobre todo, es una memoria de vidas acompañadas, de procesos de recuperación, de oportunidades generadas y de esperanza compartida.
Porque detrás de cada dato hay una historia y una comunidad que ha decidido no permanecer indiferente ante el sufrimiento de sus hermanos y hermanas.
Por todo ello, hemos querido dedicar este número de Compromiso Solidario a recoger algunos de los momentos más significativos de la visita del Santo Padre y, de manera especial, del encuentro con la Pastoral Social celebrado en Madrid. Ojalá este número especial nos ayude a seguir profundizando en las palabras y gestos que hemos recibido del Papa León XIV; a mantenerlos vivos en nuestra oración; y, sobre todo, a ponerlos en práctica cada día.
Porque la visita de León XIV no termina con su regreso a Roma. Continúa cada vez que elegimos acompañar en lugar de juzgar, acoger en lugar de excluir, construir puentes en lugar de levantar barreras, y mirar a cada persona con la dignidad con la que Dios la mira.
Sigamos amando y caminando en comunidad, convencidos de que la esperanza crece cuando la compartimos y de que nadie queda atrás cuando avanzamos juntos.