Una viña que no es nuestra
Pilar Algarate 3 de Octubre de 2026Lecturas del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: Is 5, 1-7; Segunda lectura: Fil 4, 6-9. Santo evangelio según san Mateo 21, 33-43.
Hay cosas que cuidamos tanto que, casi sin darnos cuenta, empezamos a creer que son nuestras.
Pasa con los lugares, con los proyectos, con los grupos, con las responsabilidades. Incluso con la fe. Lo que un día recibimos como regalo puede terminar convertido en territorio propio.
Algo de eso ocurre en la parábola de hoy. El dueño planta una viña, la cerca, prepara el lagar, levanta una torre. Lo deja todo dispuesto y la confía a unos viñadores. Pero ellos olvidan algo esencial: la viña no les pertenece.
Y quizá ahí empieza también buena parte de nuestros problemas.
Cuando creemos que lo nuestro es solo nuestro. Cuando protegemos tanto nuestros espacios que ya no cabe nadie más. Cuando una comunidad deja de ser lugar de encuentro y se convierte en refugio. Cuando miramos la realidad desde lejos para que no nos incomode demasiado.
Este sábado, en el Madrid Live Meeting, el cardenal José Cobo decía a los jóvenes reunidos en la Almudena que «nuestra misión no consiste en protegernos del mundo». La misión está precisamente ahí, en esa realidad que a veces preferiríamos mirar de lejos.
En quien trabaja y no puede pagar una vivienda. En quien está rodeado de gente y se siente solo. En quien ha dejado de esperar demasiado de la vida. En quien busca un lugar y no siempre lo encuentra.
No podemos arreglarlo todo. Pero sí podemos decidir que lo que le pasa a otra persona no nos sea indiferente.
A veces el fruto empieza de una manera mucho más pequeña de lo que imaginamos: alguien que encuentra una comunidad cuando se sentía solo; dos personas que piensan distinto y consiguen escucharse; una persona joven que recupera algo de esperanza; alguien que descubre a Jesucristo porque antes encontró a una persona capaz de quedarse a su lado.
Tal vez eso sea cuidar la viña.
No poseerla. No cerrarla. No decidir quién merece entrar y quién no.
Cobo dijo también una frase que encaja bien con este Evangelio: «Cuando Cristo está en el centro siempre ensancha la casa». Quizá porque Dios nunca parece demasiado preocupado por conservar espacios. Más bien por abrirlos.
San Pablo, en la segunda lectura, propone fijarnos en todo lo verdadero, noble, justo y amable. No está hablando de grandes discursos. Está hablando de una forma de mirar y de vivir.
La viña sigue ahí.
Dios sigue confiándola a nuestras manos.
Y quizá la pregunta de este domingo no sea qué hemos conseguido, sino otra mucho más sencilla:
¿Qué estamos haciendo con aquello que se nos ha confiado?
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?'' Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".
Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos''.
Para la reflexión
- ¿Qué «viña» siento que Dios ha puesto especialmente en mis manos?
- ¿Hay algún espacio, responsabilidad o relación que vivo demasiado como algo mío?
- ¿Ante qué realidad cercana puedo estar cerrando los ojos?
- ¿Qué pequeño fruto de cuidado, escucha o acogida puedo dar esta semana?
Oración
Señor, a veces olvidamos que la viña no es nuestra. Nos aferramos a nuestros espacios, a nuestras seguridades, a nuestra manera de hacer las cosas. Enséñanos a cuidar sin poseer, a abrir sin miedo, a escuchar sin defendernos siempre. Que sepamos ver a quien tenemos al lado, a quien busca un lugar, a quien necesita compañía, a quien ha dejado de esperar. Haz de nuestras comunidades casas un poco más grandes, lugares donde quepan más vidas, más preguntas, más historias. Y cuando no sepamos qué hacer, recuérdanos que a veces basta con no cerrar los ojos y quedarse cerca. Amén.