Un tesoro compartido en el corazón de La Hiruela
Pilar Algarate Pilar 26 de Julio de 2026La iglesia parroquial de La Hiruela ha acogido este domingo una celebración muy especial, en la que han participado las personas del pueblo y los 24 jóvenes del Campo de Voluntariado de Cáritas Diocesana de Madrid.
La Eucaristía ha estado presidida por monseñor Vicente Martín, obispo auxiliar de Madrid, y concelebrada por Juan Pedro Gutiérrez, vicario episcopal de la Vicaría I, y Fernando Sanz, clérigo de San Viator y párroco de La Hiruela. También ha participado Jaime, diácono permanente.
En este rincón de la Sierra Norte de Madrid, la celebración se ha convertido en un encuentro entre generaciones y en un momento para agradecer todo lo compartido durante estos días. Jóvenes procedentes de diferentes lugares han convivido con las personas del pueblo, han escuchado sus historias y han colaborado en distintas tareas al servicio de la comunidad.
Durante su homilía, Vicente Martín ha propuesto tres claves para la vida y para la misión. La primera, aprender a reconocer lo que verdaderamente importa. A partir de la petición del joven rey Salomón, que no pide riquezas ni éxito, sino «un corazón atento», el obispo ha animado a pedir la capacidad de discernir el bien, escuchar el sufrimiento y comprender a quienes caminan a nuestro lado.
Una sabiduría que, como ha explicado, no consiste únicamente en acumular conocimientos, sino en aprender a saborear la vida, distinguir lo que está bien y descubrir cómo amar y servir. En este sentido, ha destacado la disponibilidad de los jóvenes durante el Campo de Voluntariado, su escucha a las personas mayores y su compromiso con las necesidades del entorno.
El tesoro escondido en la Sierra
La segunda clave ha partido de la imagen del tesoro escondido que presenta el Evangelio. El Reino de Dios, ha recordado Vicente Martín, no se impone mediante la espectacularidad, sino que se descubre en los gestos sencillos, en la convivencia, en el servicio y en los nombres y apellidos de las personas con las que compartimos el camino.
Ese tesoro se ha hecho visible durante estos días en los compañeros y compañeras del Campo de Voluntariado, en los vecinos y vecinas de La Hiruela, en las personas mayores y en cada una de las tareas compartidas. «Cuanto más os hayáis entregado, más vais descubriendo que los primeros transformados sois vosotros», ha señalado el obispo.
También ha invitado a los jóvenes a hacerse algunas preguntas: dónde tienen puesto su corazón, qué han descubierto como verdaderamente valioso y qué actitudes están cambiando en ellos a partir de lo vivido.
La tercera clave ha sido la invitación de Jesús a «sacar del tesoro lo nuevo y lo antiguo». Los jóvenes han llevado a La Hiruela su frescura, su alegría, su música y sus ganas de colaborar. A cambio, regresarán con la sabiduría de la tierra y de sus gentes, las historias de las personas mayores y la memoria de un pueblo que los ha acogido.
Un encuentro entre generaciones
La celebración ha coincidido con la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores y con la memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de María y abuelos de Jesús.
Vicente Martín ha trasladado a las personas mayores el agradecimiento de la Iglesia por todo cuanto aportan a las familias y a las comunidades: «Dios os lleva entrañados en su corazón. Estad seguros de que el Señor nunca os olvida».
También ha recordado la invitación del papa León XIV a recuperar la costumbre de visitar, escuchar y acompañar a las personas mayores. Un encuentro entre generaciones que durante estos días se ha hecho realidad en La Hiruela, donde jóvenes y mayores han compartido conversaciones, tareas y momentos de la vida cotidiana.
Antes de finalizar, el obispo auxiliar ha animado a quienes participan en el Campo de Voluntariado a regresar a sus hogares no como quienes terminan una actividad más del verano, sino como personas fortalecidas y transformadas por todo lo bueno que han encontrado en el servicio y en el encuentro.
La Eucaristía ha concluido con un deseo que resume lo vivido durante estos días en la Sierra Norte de Madrid: guardar en el corazón todos los tesoros descubiertos y recordar que «la vida solo se gana cuando se entrega».