Santísima Trinidad: alzar la mirada para vivir en comunión

Pilar Algarate Pilar 31 de Mayo de 2026

Lecturas: Libro del Éxodo (34,4b-6.8-9). Salmo: Dn 3, 52-56. Segunda carta de san Pablo a los Corintios (13,11-13). Evangelio según san Juan (3,16-18).

El domingo pasado, con la solemnidad de Pentecostés, terminó el tiempo de la Pascua. Hemos retomado el tiempo ordinario, el tiempo de la Iglesia, el tiempo de la vida cotidiana, donde la fe no se queda en los grandes momentos, sino que se hace gesto sencillo, presencia cercana, escucha, servicio y esperanza compartida.

Hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Contemplamos el misterio de un Dios que es comunión: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un Dios que no vive encerrado en sí mismo, sino que se entrega, se comunica y sale al encuentro de la humanidad. Como nos recuerda el Evangelio de san Juan: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». En el centro de nuestra fe no hay miedo ni condena, sino amor, salvación y vida.

La Trinidad nos revela que Dios es relación, acogida y amor compartido. Por eso, creer en el Dios trinitario tiene consecuencias para nuestra manera de vivir, de mirar y de acompañar. Nos invita a construir comunidad, a superar diferencias, a tender puentes, a escuchar con hondura y a caminar junto a las personas, especialmente junto a quienes viven situaciones de mayor fragilidad.

A solo seis días de la llegada del papa León XIV a Madrid y de su encuentro con la Pastoral Social, esta fiesta nos ayuda a preparar el corazón. El lema de su visita, «Alzad la mirada», resuena hoy con una fuerza especial. Alzar la mirada no es desentenderse de la realidad, sino mirarla desde Dios: descubrir en cada persona una dignidad sagrada, reconocer en cada historia una oportunidad de esperanza y creer que la comunión es posible incluso en medio de las heridas de nuestro mundo.

El libro del Éxodo nos presenta a un Dios «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». Ese es el rostro de Dios que estamos llamados a transparentar como Iglesia. Una Iglesia que no juzga desde lejos, sino que se acerca; que no mira a las personas desde sus heridas, sino desde su dignidad; que no camina por encima de nadie, sino junto a cada persona.

También san Pablo nos invita hoy a vivir desde la alegría, la paz y la comunión: «Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz». Esta llamada tiene mucho que decirnos como comunidad cristiana y como Cáritas. Porque nuestra misión nace precisamente de ahí: de un Dios que es amor compartido y que nos envía a hacer visible ese amor en la historia concreta de las personas.

Celebrar la Santísima Trinidad es recordar que nadie se salva en soledad, que nadie sobra en la comunidad y que cada persona tiene un lugar. Es reconocer que somos Iglesia cuando caminamos en comunión, cuando cuidamos los vínculos, cuando ponemos nuestros dones al servicio del bien común y cuando hacemos de la caridad una forma concreta de anunciar el Evangelio.

En estos días previos al encuentro con el Santo Padre, pidamos que el Espíritu nos ayude a alzar la mirada: para ver más allá del cansancio, más allá de las dificultades, más allá de las urgencias. Que sepamos mirar como mira Dios: con ternura, con misericordia y con esperanza. Y que la visita del papa León XIV nos impulse a seguir siendo una Iglesia que acompaña, que consuela, que escucha y que camina con las personas más vulnerables.

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 3, 16-18

"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios".

Preguntas para la reflexión

  • ¿Qué significa para ti creer en un Dios que es comunión, relación y amor compartido?
  • ¿Qué implicaciones tiene para la Iglesia y para Cáritas vivir a imagen de la Trinidad?
  • El Evangelio nos recuerda que «Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él». ¿Cómo podemos vivir esta mirada de misericordia en nuestro acompañamiento cotidiano?
  • A pocos días de la visita del papa León XIV, ¿qué significa hoy para nosotras y nosotros «alzar la mirada» desde la Pastoral Social?

Oración

 

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo,
misterio de amor y comunión,
enséñanos a vivir con una mirada abierta,
capaz de reconocer la dignidad de cada persona
y de descubrir tu presencia en las historias más frágiles.

Ayúdanos a construir una Iglesia cercana,
que escuche, acompañe y tienda puentes;
una comunidad donde nadie se sienta fuera,
donde cada persona encuentre un lugar
y donde la esperanza vuelva a levantarse.

En estos días previos a la visita del papa León XIV,
prepara nuestro corazón para acoger su llamada
a alzar la mirada,
a caminar en comunión
y a seguir anunciando, con gestos sencillos,
que tu amor salva, sostiene y renueva la vida.

Amén.

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