¿Quién sigue esperando en la plaza?

Pilar Algarate Pilar 20 de Septiembre de 2026

Lecturas del XXV Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: Is 55, 6-9; Salmo 144; Segunda lectura: Fil 1, 20-24. 27. Santo evangelio según san Mateo 20, 1-16.

Hay gente que espera. Es quizá la imagen que queda de este Evangelio: una plaza, unas personas paradas y un dueño que vuelve una y otra vez. Por la mañana, al mediodía, por la tarde. Y todavía al final del día. Cuando les pregunta por qué siguen allí, responden algo tan sencillo como duro: «Porque nadie nos ha contratado». Nadie contó con ellos.

La parábola podría haberse quedado ahí, en la lógica de las horas trabajadas y los jornales. Pero Jesús la lleva a otro sitio. El dueño de la viña no mira solo cuánto ha hecho cada cual. Mira también a quien se ha quedado esperando. Y vuelve a salir.

Eso desconcierta a quienes llegaron primero. Ellos hacen cuentas, comparan, piensan que merecen más. Y quizá ahí empieza también nuestra incomodidad con este Evangelio, porque nosotros también hacemos muchas cuentas: quién ha llegado antes, quién se ha esforzado más, quién merece una oportunidad, quién debería estar primero, quién puede entrar y quién debería esperar un poco más.

Y Dios parece empeñado en desordenarnos la fila.

Isaías lo dice de otra manera: «Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos». La mirada de Dios no funciona con nuestras tablas de méritos. Sale a buscar, vuelve a salir y no da el día por terminado mientras quede alguien en la plaza.

Este domingo comienza además en Madrid la Semana de la Palabra, con la que la diócesis abre el nuevo curso pastoral. Una semana para volver al Evangelio, sí, pero sobre todo para dejar que el Evangelio vuelva a nosotros y nos cambie un poco la mirada. Porque escuchar la Palabra no es solo leerla: es permitir que nos señale esas plazas en las que todavía hay personas esperando.

Y estos días esa imagen tiene mucho que ver con la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, cuyas celebraciones empiezan ya en Madrid. También hoy hay personas que esperan: una cita, un permiso, un empleo, una vivienda, una oportunidad para empezar de nuevo. Personas que han llegado desde lejos y que, demasiadas veces, pueden sentir que nadie cuenta con ellas.

Quizá por eso el Evangelio de este domingo nos toca tan de cerca. El dueño de la viña no pregunta demasiado. Sale, mira y vuelve a llamar. No da por terminada la jornada mientras quede alguien fuera.

Y quizá esa sea también la pregunta para nosotros: ¿quién sigue esperando en la plaza mientras nosotros ya estamos dentro?

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20. 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: '¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?' Ellos le respondieron: 'Porque nadie nos ha contratado'. Él les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. Al atardecer, el dueño de la viña dijo a su administrador: 'Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros'. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: 'Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor'. Pero él respondió a uno de ellos: 'Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?' De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos''.

Para la reflexión

  • ¿Quiénes son hoy las personas que siguen esperando en la plaza porque nadie ha contado con ellas?
  • ¿En qué momentos hago yo también cuentas, comparo o decido quién merece más y quién menos?
  • ¿Qué mirada me está invitando Dios a cambiar a través de esta Palabra?
  • Ante las personas migrantes y refugiadas, ¿qué pesa más en mí: la acogida, la distancia, el miedo, los prejuicios, la indiferencia?
  • ¿Hay alguien cerca de mí a quien pueda hacer sentir que tiene un lugar, que cuenta, que su vida y su aportación importan?
  • En esta Semana de la Palabra, ¿qué tendría que cambiar para que el Evangelio no se quede solo en algo que escucho, sino que toque de verdad mi manera de vivir y relacionarme.

Oración

Señor, Tú sigues saliendo a la plaza cuando otros ya han dejado de mirar. Enséñanos a descubrir a quienes siguen esperando: a quienes esperan una oportunidad, una puerta abierta, una palabra, un lugar donde poder empezar de nuevo. Que tu Palabra no pase por nosotros sin cambiarnos un poco la mirada. Líbranos de medirlo todo, de comparar, de decidir demasiado deprisa quién merece y quién no. Haznos capaces de salir al encuentro, de abrir espacio, de contar con cada persona. Y que nuestras comunidades se parezcan cada día un poco más a esa viña en la que todavía, incluso al caer la tarde, queda sitio para alguien más. Amén.

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