¿Quién dices que soy yo?
Pilar Algarate Pilar 23 de Agosto de 2026Lecturas del XXI Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: Isaías 22, 19-23. Segunda lectura: Rom 11, 33-36. Santo evangelio según san Mateo 16, 13-20.
Jesús lleva a sus discípulos lejos de los lugares habituales y, en el camino, les hace una pregunta que parece sencilla: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos responden con lo que han escuchado, con lo que se comenta. Pero Jesús no se detiene ahí. La pregunta que de verdad le importa es otra: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Hoy esa pregunta también llega hasta cada persona. Jesús no nos pide una respuesta aprendida, sino una respuesta que nazca de la vida: cuando tenemos que tomar una decisión, cuando encontramos a alguien que necesita ser escuchado o cuando la realidad nos coloca ante situaciones que preferiríamos no mirar.
Pedro responde desde el corazón: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Todavía tendrá dudas, cometerá errores e incluso negará a Jesús. Sin embargo, el Señor confía en él y le entrega las llaves. No son las llaves del poder entendido como dominio, sino las de una responsabilidad puesta al servicio de las demás personas. Unas llaves pueden cerrar, pero también pueden abrir puertas, liberar y ofrecer un lugar donde sentirse acogido.
La situación vivida estos días en Ceuta nos obliga a detenernos ante esta imagen. Muchas personas, entre ellas adolescentes y jóvenes, emprendieron un camino peligroso movidas por el deseo de encontrar un futuro mejor. Algunas habían recibido, a través de las redes sociales, mensajes engañosos que les hicieron creer que la frontera estaba abierta o que llegar a España sería fácil. Detrás de cada llegada hay una historia, una familia, unos sueños y, muchas veces, una falta de oportunidades que empuja a arriesgar incluso la propia vida.
Esta realidad muestra que la tecnología no es neutral cuando difunde una promesa falsa aprovechándose de la necesidad. Un mensaje, un vídeo o un algoritmo pueden alimentar la esperanza, pero también convertir la vulnerabilidad de muchas personas en un negocio, un engaño o una nueva forma de dominio.
El papa León XIV ha advertido precisamente de que no podemos dejar que los algoritmos decidan «quién es visto y quién permanece invisible». En Ceuta hemos visto cifras, fronteras y debates políticos, pero el Evangelio nos invita a mirar los rostros. A preguntarnos quiénes son esas personas para nosotros: ¿un problema, una amenaza, una estadística o personas con la misma dignidad y el mismo deseo de vivir y salir adelante que cualquiera de nosotras y nosotros?
Como recuerda el Papa, «el mundo no necesita una inteligencia artificial que disminuya la humanidad». Necesita una inteligencia humana iluminada por la sabiduría y una tecnología guiada por la caridad. Una tecnología que no utilice los sueños de quienes buscan una vida mejor, sino que ayude a protegerlos de los engaños, favorezca una información verdadera y contribuya al bien común.
La primera lectura habla también de una llave colocada sobre el hombro. La autoridad aparece como una responsabilidad. Quien recibe una misión no está llamado a situarse por encima, sino a cuidar, proteger y abrir caminos. También nuestras instituciones y nuestras comunidades cristianas están llamadas a abrir puertas seguras, defender derechos y acompañar a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
San Pablo nos recuerda que no lo sabemos todo y que los caminos de Dios desbordan nuestros cálculos. La fe no consiste en tener una respuesta rápida para cada problema, sino en aprender a mirar la realidad con los ojos de Jesús. Quizá responder quién es Cristo para nosotros también implique reconocerlo en quienes llaman a nuestras puertas buscando una oportunidad para vivir con dignidad.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías
Preguntas para la reflexión
- Si Jesús me preguntara hoy «¿quién soy yo para ti?», ¿qué respuesta nacería realmente de mi vida?
- Cuando miro a las personas que han llegado a Ceuta, ¿veo cifras y problemas o reconozco sus historias, sus derechos y su deseo de un futuro mejor?
- ¿Utilizo las “llaves” que tengo —mis responsabilidades, capacidades y recursos— para abrir puertas o para mantenerlas cerradas?
Oración
Señor Jesús, Tú nos preguntas quién eres para nosotros. Ayúdanos a responderte con nuestra vida y no solo con nuestras palabras. Danos una mirada capaz de reconocer tu rostro en quienes buscan un futuro mejor, en las personas engañadas, en quienes viven con miedo y en quienes llaman a nuestras puertas. Que las llaves que has puesto en nuestras manos no sirvan para cerrar caminos, sino para abrir oportunidades, acoger, proteger y defender la dignidad de todas las personas. Ilumina nuestra inteligencia, guía nuestras decisiones y enséñanos a poner la tecnología al servicio de la verdad y del bien común. Haz de tu Iglesia una casa de puertas abiertas y de cada persona creyente una presencia cercana y fraterna. Amén.