Un hogar, o cuando «un poco de bondad puede salvarnos»
14 de Octubre de 2026Las palabras que quedan al salir...
Hay palabras que se escriben cuando una etapa termina y que, sin pretenderlo, explican mucho mejor que cualquier memoria o proyecto qué significa acompañar.
Son mensajes que algunas de las jóvenes que han vivido en el proyecto "Nazaria baja a la calle” de Cáritas Madrid, han dejado al marcharse o tiempo después. Palabras escritas desde la distancia, desde un cumpleaños, desde la emoción de preparar una despedida. Y en todas ellas aparece algo parecido: una casa, personas que estuvieron cerca y un tiempo en el que pudieron seguir creciendo. «Aquí no solo viví, aquí crecí como persona».
Así se despedía una de las jóvenes antes de dejar “Nazaria”. En su mensaje hablaba de «cada sonrisa, cada ayuda», de haberse sentido en casa y de marcharse «con el corazón lleno de recuerdos y mucho agradecimiento».
«Gracias por abrirme las puertas de la casa de Nazaria, gracias por su paciencia, por su amor y su cariño», escribía. Y añadía algo que quizá resume todo un proceso: «Gracias por ayudarme a encontrarme conmigo misma».
Otra joven quiso escribir a Carmen, una de las religiosas, el día del 21 cumpleaños de la joven. Había pasado tiempo desde su salida, pero seguía recordando lo vivido: «Cuando llegué a Nazaria encontré muchísimo amor, comprensión y un lugar donde pude sentirme acompañada».
En su mensaje cuenta también algunos de los aprendizajes que se llevó consigo: aprender a perdonar para sanar, descubrir que no pasa nada por no ser perfecta, quererse y valorarse. Pero quizá lo más hermoso sea comprobar cómo lo recibido continúa su camino: «Ahora intento hacer lo mismo con muchas personas: ayudar sin recriminar, dar sin esperar nada».
Y está también Thaíz, de 19 años, que recuerda una escena de su infancia junto a su abuela. No había dinero para comprar leche y aquella noche recibió un biberón con una bebida de fresa. Lo que podía haber quedado como un recuerdo de carencia se convirtió, para ella, en otra cosa: el recuerdo de unas manos que la acurrucaron y de una persona que la cuidó con lo poco que tenía.
Años después lo explica así: «No sabemos qué momento en el que ayudamos o cuidamos de alguien puede ser importante o puede cambiarle la percepción de la vida».
Y termina con una frase que bien podría unir las historias de muchas de las jóvenes que han pasado por Nazaria:
«Un poco de bondad puede salvar».
Acompañar tiene mucho de eso. De estar. De abrir una puerta. De compartir una comida, escuchar, poner límites, tener paciencia, celebrar pequeños pasos y permanecer también cuando las cosas no son sencillas.
Hasta que llega el día de hacer la maleta y marcharse.
Y entonces quedan mensajes como estos. Palabras que hablan de gratitud, pero también de autonomía, de crecimiento y de futuro. Porque acompañar no consiste en caminar por otra persona, sino en estar cerca durante un tramo para que pueda continuar su propio camino.
Y algunas veces, al mirar atrás, alguien escribe: «Gracias por ser mi refugio».
Entonces comprendemos que aquel tramo compartido mereció la pena.