Madrid Live Meeting: Cobo anima a los jóvenes a mirar de cerca la vida de las personas más necesitadas
Pilar Algarate 3 de Octubre de 2026«Nuestra misión no consiste en protegernos del mundo», señaló. La tarea está precisamente ahí, en esa realidad con posibilidades y heridas. Nadie puede resolver por sí solo las dificultades de acceso a la vivienda o la exclusión social. Pero sí puede empezar por reconocer que lo que le sucede a otra persona tiene que ver con su propia vida.
El cardenal habló de cambios que tienen un rostro concreto: alguien que estaba solo y encuentra una comunidad; dos personas que piensan distinto y consiguen escucharse; un joven que vuelve a esperar algo de la vida. Y alguien que se encuentra con Jesucristo porque antes hubo un cristiano que supo quererle y caminar a su lado.
Lo que queda después de las fotos
Tras la visita del papa León XIV a Madrid. Quedan las fotografías, las canciones, las conversaciones. Cobo invitó a preguntarse qué queda dentro de cada uno y qué está todavía por hacer.
¿Qué palabra se quedó? ¿Qué llamada sigue esperando una respuesta? El recuerdo de aquellos días puede ayudar a dar nuevos pasos en la fe y en el compromiso, explicó el arzobispo, que animó a convertir la experiencia compartida en una misión común.
Agradeció a los jóvenes que hubieran salido de sus espacios habituales para encontrarse con otros grupos, parroquias y movimientos. «Cuando Cristo está en el centro siempre ensancha la casa», afirmó. Una invitación a reconocer que la Iglesia es más grande que la comunidad en la que cada cual se siente en casa.
Advirtió también del riesgo de llenar la vida de actividades y perder la relación con quien les da sentido. De hacer propios los grupos hasta olvidar para quién existen. Por eso propuso volver a Jesús y preguntarle, juntos, hacia dónde quiere llevarlos.
Escuchar a quienes todavía no están
La próxima Asamblea de Jóvenes, prevista del 19 al 21 de febrero de 2027, empieza a prepararse desde ahora. Cobo pidió hacerlo en las parroquias y comunidades, escuchando lo que los jóvenes esperan, lo que les preocupa y lo que tienen que aportar.
Esa escucha tendrá que llegar también a quienes no estaban en la catedral. A quienes se alejaron, a quienes viven la fe de otra manera y a quienes siguen buscando sin encontrar su lugar en la Iglesia. Sus preguntas también cuentan en este camino.
Durante la oración de los fieles hubo, además, un recuerdo para José Antonio Álvarez, obispo auxiliar de Madrid, fallecido hace un año.
A los jóvenes reunidos en la Almudena, Cobo les pidió regresar a sus comunidades con una tarea: «Volved llevando algo de los demás». Algo de sus búsquedas, de sus iniciativas, de su manera de vivir la fe. La preparación de febrero comienza con esa disposición a hacer sitio. Y con los ojos abiertos a quienes tienen al lado.
«No podemos cerrar los ojos», pidió el arzobispo de Madrid en una Almudena abarrotada de jóvenes. El encuentro abre el camino hacia la Asamblea de febrero de 2027 con una llamada a escuchar y a comprometerse con la realidad de quienes viven cerca.
Hay preguntas que uno se lleva a casa después de un encuentro. Este sábado, 3 de octubre, el cardenal José Cobo dejó unas cuantas a los grupos de jóvenes que abarrotaron la catedral de la Almudena para participar en el Madrid Live Meeting. Una de ellas, sencilla de formular, necesita tiempo para responderse: «¿Dónde nos necesitas hoy?».
El arzobispo de Madrid invitó a buscar la respuesta en la ciudad que habitan. En quienes estudian y trabajan, pero no consiguen acceder a una vivienda. En quienes posponen su proyecto de vida porque las cuentas no salen. En quienes están siempre conectados y, sin embargo, no tienen con quién hablar de lo que les ocurre.
«No podemos cerrar los ojos», pidió durante la homilía. Habló de precariedad, de la presión por triunfar, del miedo a equivocarse. También de la ansiedad y de ese cansancio que muchas veces no se ve. Realidades que atraviesan la vida de tantos jóvenes y que interpelan a sus comunidades.
Mirar alrededor
La parábola de los viñadores sirvió a Cobo para recordar que Dios pone en nuestras manos algo que quiere y cuida. La fe, la Iglesia y las personas con las que compartimos la vida forman parte de esa responsabilidad. También quienes buscan, quienes dudan y quienes se han alejado.