Lo que me recuerda que nunca camino sola
8 de Octubre de 2026Por Ana García Andrade Voluntaria en «San Felipe Neri»
SON MUCHAS las ocasiones en las que entro en la Catedral de la Almudena, y siempre que lo hago siento una mezcla de admiración y tranquilidad. La majestuosidad de sus columnas y la luz llena de color que se filtra a través de los vitrales me fascinan, invitándome a reflexionar y a dejarme llevar por el silencio reverente del lugar. Es un espacio que, aun en su grandiosidad, como todas las demás iglesias, me inspira paz y respeto, me invita a orar en profundidad y me facilita la conexión con nuestro Señor.
De manera especial, recuerdo con emoción la misa de agradecimiento del 4 de mayo, que viví como una experiencia profunda de gratitud. En aquel momento sentí la necesidad de dar gracias a Dios por su amor, por su compañía constante y por tantos dones recibidos, incluso en medio de las pruebas. Esa celebración dejó en mí una huella de paz, esperanza y confianza renovada. No fue solo oír las palabras del obispo, sino vivir un encuentro íntimo que me conmueve, me fortalece y me recuerda que nunca camino sola.
Nuestro arzobispo de Madrid, José Cobo, incidió en que pertenecemos a una comunidad y esto me hace comprender que la fe no se vive en soledad, sino en comunión con otros que también buscan a Dios y desean caminar a su lado. Compartir la oración, la celebración y la esperanza con otras personas fortalece mi espíritu y me ayuda a sentirme acompañada en el camino. En la comunidad, en mi caso, en el proyecto «San Felipe Neri», dirigido a personas sin hogar y con problemas de salud mental, descubro el valor de la fraternidad, del apoyo mutuo y de la entrega para asistir a las personas más desfavorecidas de la sociedad. Por eso, vivir la fe como voluntaria dentro de la institución de Cáritas diocesana de Madrid es para mí un regalo que me recuerda que la presencia de Dios también se manifiesta a través de quienes comparten conmigo este camino de entrega y apoyo a las personas más necesitadas.