«La Iglesia no puede mirar a otro lado»: Madrid pone rostro a la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Pilar Algarate Pilar 24 de Septiembre de 2026

La Universidad Pontificia Comillas acogió la presentación de la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, dedicada este año especialmente a los menores. La dignidad de cada persona, los Corredores de Hospitalidad, la respuesta de la Iglesia en Ceuta y la llamada a construir comunidades acogedoras centraron el encuentro.

«¿Qué mundo estamos construyendo si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?». La pregunta del papa León XIV, recordada por el obispo auxiliar de Madrid Vicente Martín, sobrevoló este miércoles la presentación de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado en la Universidad Pontificia Comillas.

Una tarde para hablar de migraciones, pero, sobre todo, de personas. De niños y jóvenes que emprenden caminos difíciles, de quienes los acompañan y de una Iglesia llamada a no permanecer indiferente.

Mercedes Fernández, directora del Instituto de Estudios sobre Migraciones de Comillas, abrió el encuentro recordando que «no ha sido un verano fácil»: por las personas que han perdido la vida en el mar, por la situación vivida en Ceuta y por quienes han sido utilizados para otros intereses. Rufino García, delegado de Migraciones de la Archidiócesis de Madrid, agradeció la presencia de las distintas instituciones y entidades.

La música de Toño Casado, que interpretó al piano Náufragos, acompañó algunas de las preguntas que después recorrerían las distintas intervenciones.

Mirar a la persona, no a la cifra

Fernando Redondo, director del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, presentó el sentido de una Jornada que este año lleva por lema «Incluso uno solo de estos pequeños».

«Los niños son los más vulnerables de los procesos migratorios», recordó. Un lema que pone el acento, explicó, en dos cuestiones: el valor infinito de cada persona y la necesidad de mirar a la persona concreta en un momento en el que buena parte del debate migratorio gira alrededor de cifras.

Redondo se refirió especialmente a los adolescentes que llegan a nuestro país y mostró su preocupación por el aumento de niñas, especialmente expuestas durante el tránsito migratorio. Jóvenes que, pese a todo lo vivido, llegan «con una mochila cargada de sueños» buscando aquello que no han podido encontrar en sus países de origen.

Frente a prejuicios y bulos, pidió reconocerlos como un «prójimo cercano», generar una cultura del encuentro y comprometerse con iniciativas de apoyo y acogida.

Y dejó una pregunta dirigida también a las comunidades cristianas: «¿Qué lugar ocupan estos menores en nuestras prioridades pastorales?»

Corredores de Hospitalidad: no empezar de cero

María, de Cáritas Diocesana de Madrid, presentó la experiencia de los Corredores de Hospitalidad entre Canarias y Madrid, nacida en febrero de 2025 como una respuesta compartida entre diócesis ante la realidad migratoria de las islas.

«No somos un servicio de mensajería», señaló para explicar que no se trata simplemente de trasladar jóvenes, sino de conocer el proceso que ya han iniciado en Canarias y darle continuidad en Madrid. Antes del viaje, los equipos comparten información, valoran la situación y mantienen una entrevista con el joven para comprobar que el recurso puede responder a sus necesidades.

Los primeros seis jóvenes llegaron juntos a Madrid, pero la propia experiencia llevó a cambiar el planteamiento e incorporarlos progresivamente a diferentes pisos de Cáritas, junto a jóvenes de otras nacionalidades y en distintos momentos de sus procesos.

«Estos jóvenes llegan con capacidades y nuestro trabajo consiste en conocer bien su recorrido y continuar desde ahí». No se ha creado un recurso específico para quienes llegan desde Canarias: se incorporan al mismo modelo de acompañamiento que el resto de jóvenes de Cáritas Madrid.

Actualmente, Cáritas Madrid cuenta con siete alojamientos y 31 plazas para jóvenes, donde el acompañamiento aborda ámbitos como la convivencia, la formación, el empleo, la documentación, la salud, las relaciones y la autonomía.

«La autonomía no se construye desde un único recurso, se construye conectando oportunidades», destacó María. Desde el inicio de la experiencia han participado ocho jóvenes; seis continúan actualmente su proceso y uno de los primeros ha completado su itinerario, tiene empleo y ha accedido a una vivienda en el mercado libre.

Ceuta: la acogida que pocas veces ocupa titulares

Desde Ceuta intervino por videoconferencia Sante Zanetti, delegado de Migraciones de la diócesis de Cádiz y Ceuta, que acercó a los asistentes la respuesta de la Iglesia ante las últimas llegadas.

Relató gestos muy concretos: cinco duchas que, organizadas por turnos, permitieron asearse a unas 120 personas al día; una vecina que sacó un caño desde su pequeña vivienda para que pudieran utilizarlo quienes acababan de llegar; las Hijas de la Caridad poniéndose a disposición de los centros o jóvenes universitarios que renunciaron a sus vacaciones para colaborar.

Precisamente en los jóvenes quiso detenerse Zanetti: «Me llenan de esperanza», aseguró, frente a una mirada que con frecuencia los cuestiona y que no siempre muestra su compromiso como voluntarios.

También advirtió de que los medios tienden a poner el foco en los «encontronazos», mientras quedan fuera muchas historias de acogida y solidaridad.

«Los cristianos nos jugamos la credibilidad de nuestra fe en nuestra manera de comprometernos personalmente», afirmó.

«Tienen dignidad, punto. No se cuestiona»

El obispo auxiliar de Madrid Vicente Martín cerró las intervenciones retomando uno de los hilos que habían atravesado toda la tarde: la necesidad de mirar más allá de las estadísticas.

«Son rostros, son historias, son personas en camino que nos reclaman compartir un viaje», afirmó. Frente a debates centrados en cuántos llegan, cuántos se quedan o cuánto suponen en términos de coste o beneficio, reivindicó el valor único e irrepetible de cada ser humano.

Y lo expresó de forma rotunda: «Tienen dignidad, punto. No se cuestiona».

Martín recordó que el interés superior del menor debe ser garantizado y que existe un marco legal que hay que cumplir. «La Iglesia no puede mirar hacia otro lado», señaló, reclamando que la compasión se traduzca en acciones sociales, humanitarias, hospitalarias y pastorales.

También quiso alejarse de una concepción de las personas migrantes únicamente como receptoras de ayuda. «No solo son objeto de ayuda; son partícipes en la vida de la Iglesia», afirmó.

Por ello, llamó a favorecer su participación activa, impulsar procesos de integración respetuosos con las identidades culturales, promover el diálogo intercultural e interreligioso y construir comunidades capaces de reconocer la diversidad como un don.

Una prioridad para la Iglesia de Madrid

Vicente Martín vinculó esta llamada con el Proyecto Pastoral Diocesano 2026-2027, «Alcemos juntos la mirada», y especialmente con su propuesta de ser «una Iglesia presente en las periferias».

«Queremos que la pastoral de migraciones sea prioritaria», aseguró.

Actualmente, explicó, doce parroquias y centros participan en las acogidas de emergencia, pero «aún somos insuficientes». Una llamada a que se sumen nuevas comunidades, no solo para disponer de más espacios de acogida, sino también por lo que el encuentro con las personas migrantes aporta a la propia comunidad.

«No solo para atender a los migrantes, sino para enriquecernos como comunidades en esa atención, en ese acompañamiento. Todo un camino de ida y vuelta».

El obispo auxiliar pidió también fortalecer la coordinación entre las diferentes iniciativas diocesanas, impulsar la Mesa por la Hospitalidad y favorecer comunidades abiertas y misioneras que sepan acoger, integrar y acompañar.

«Una humanidad que todavía puede reconocerse como una única familia»

Tras la reciente visita del papa León XIV a España, Vicente Martín invitó a no dejar sus palabras únicamente en el recuerdo, sino a traducirlas en acciones pastorales y proyectos concretos.

Y terminó con una imagen: las semillas que esa visita ha dejado. «La semilla de una Iglesia llamada a salir al encuentro» y «la semilla de una humanidad que todavía puede reconocerse como una única familia».

La presentación de Comillas forma parte de los actos con los que la Iglesia de Madrid celebra estos días la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que culminará este domingo 27 de septiembre en las parroquias y comunidades de la diócesis.

Una Jornada cuyo lema, «Incluso uno solo de estos pequeños», vuelve a desplazar la mirada de las cifras a los rostros. Porque detrás de cada número hay una persona, una historia y un camino que merece ser acompañado.

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