José Luis Segovia pide «no normalizar el dolor evitable» ante el CIE de Aluche
Pilar Algarate Pilar 26 de Septiembre de 2026La vigilia «Sostener la esperanza ante fronteras que encierran» reunió oración, testimonios y una llamada a la acogida en vísperas de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado.
La plaza junto al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche volvió a ser este sábado un lugar de oración y solidaridad con las personas privadas de libertad en su interior. La vigilia, celebrada bajo el lema «Sostener la esperanza ante fronteras que encierran», quiso hacer visibles unas vidas que a menudo quedan ocultas tras los muros y los trámites administrativos.
José Luis Segovia, vicario de Pastoral, pidió «no naturalizar jamás la injusticia» ni «normalizar el dolor evitable». Recordó que las leyes y las prácticas pueden agravar el sufrimiento de quienes ya atraviesan situaciones difíciles, y llamó a responder con acogida, hospitalidad, cuidado e integración. La vigilia, señaló, lleva el clamor de estas personas ante Dios y ante quienes tienen responsabilidades políticas.
La convocatoria se enmarcó en la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que este año lleva por lema «Incluso uno solo de estos pequeños». Desde esa llamada a mirar cada vida, las intervenciones recordaron que el internamiento y la expulsión afectan también a los vínculos familiares y a los cuidados, especialmente cuando hay hijos e hijas.
Las personas participantes escucharon testimonios sobre la incertidumbre que acompaña a muchos procesos migratorios: la espera de una respuesta administrativa, las dificultades para trabajar o estudiar y el temor a una posible expulsión. Una voluntaria que acompaña a personas migrantes cerca del CAE de Alcalá compartió además su experiencia en Ceuta. Junto a las situaciones de desprotección que describió, recordó la acogida ofrecida por vecinas, vecinos y colectivos que se organizaron para cuidar a quienes habían llegado.
El silencio, los cantos y la lectura del Evangelio de los dos hijos —uno promete ir a trabajar a la viña y no va; el otro se niega, pero finalmente acude— dieron paso a una pregunta sobre los propios compromisos. En un gesto compartido, cada persona escribió en una cartulina qué le ayuda a sostener la esperanza y después levantó su cara reflectante para devolver la luz hacia las demás.
El manifiesto final reclamó el cierre de los CIE y políticas de acogida y hospitalidad. La vigilia terminó con una invitación a seguir mirando a las personas que viven tras sus muros y a convertir esa mirada en responsabilidad y acción.