«Gracias por hacernos visibles»: la huella de un curso que quedará en la Iglesia de Madrid
Pilar Algarate Pilar 2 de Agosto de 2026«Dios ha estado grande con la diócesis de Madrid». El cardenal José Cobo resumió así el curso 2025/2026 durante la entrevista realizada por Mario Alcudia en El Espejo, de COPE.
No ha sido un curso tranquilo. Tampoco uno más. La celebración del Convivium, la muerte de monseñor José Antonio Álvarez, la visita del papa León XIV y la preparación de un nuevo proyecto pastoral han marcado la vida de la archidiócesis.
La conversación llegaba también pocos días después de cumplirse tres años del inicio del ministerio de José Cobo como arzobispo de Madrid. Un tiempo que él mismo definió como «apasionante» y en el que ha ido descubriendo «una vida eclesial muy fuerte».
En estos años, explicó, se ha tratado de impulsar la vida laical, la identidad bautismal y una forma de caminar más sinodal. Todo ello en una diócesis grande y diversa, que necesita encontrarse de vez en cuando para reconocerse como una misma familia.
Uno de esos encuentros fue el Convivium, la primera asamblea presbiteral de la historia de la archidiócesis. Más de 1.200 sacerdotes participaron en un proceso que comenzó meses antes, con las preasambleas, y que ahora deberá continuar.
«Dentro de la pluralidad que somos como curas en Madrid, dentro de la diversidad, sí hay una nota común», señaló el cardenal. El Convivium permitió escuchar, compartir inquietudes y preguntarse cómo responder hoy a la sociedad y a la Iglesia madrileña.
Una Iglesia hecha de vidas sembradas
Durante la entrevista hubo también tiempo para recordar a monseñor José Antonio Álvarez, obispo auxiliar de Madrid, fallecido el pasado 1 de octubre.
Al hablar de él, el cardenal Cobo no se detuvo solo en los cargos ni en las responsabilidades que asumió. Habló de una vida entregada. Y, a través de ella, de tantas otras personas que han ido construyendo la Iglesia de Madrid sin ocupar siempre los primeros lugares.
«Estamos hechos no por ideas ni por líneas, sino por personas», afirmó. «Curas que se han sembrado, laicos que han dado la vida por esto y, gracias a ellos, estamos aquí».
La primera puerta fue CEDIA
La visita del papa León XIV ocupa ya un lugar especial en la historia reciente de la diócesis. Su primer encuentro en Madrid no se celebró en un gran templo ni ante una multitud. Fue en CEDIA, el centro de día de Cáritas Diocesana de Madrid, en el barrio de Lucero.
El Papa quiso comenzar allí.
«Cuando empezamos a diseñar la visita, ya desde el principio tenía esa idea», explicó José Cobo. Quería entrar en Madrid desde uno de esos lugares en los que la Iglesia acompaña la fragilidad, permanece cerca y comparte la vida cotidiana de las personas.
Al terminar aquel encuentro, una frase quedó resonando entre quienes estaban allí: «Gracias por hacernos visibles».
No hablaban solo de haber conocido al Papa. Hablaban de sentirse miradas y reconocidas. De comprobar que sus vidas también ocupaban un lugar central en la Iglesia.
El cardenal Cobo lo expresó con claridad: «Reconocer a los más invisibles como los más visibles. Eso es muy de Jesús y muy del Evangelio».
Después llegarían las calles llenas, los encuentros y un estadio Santiago Bernabéu abarrotado. Pero la primera puerta había sido la de CEDIA. La de una casa en la que, como dijo León XIV, «nadie se queda solo».
Seguir alzando juntos la mirada
El próximo curso estará marcado por el nuevo proyecto pastoral de la archidiócesis: Alcemos juntos la mirada. Una propuesta que invita a cuidar las raíces de la fe, revisar la organización y abrir nuevas ramas para la misión.
Habrá una asamblea de pastoral juvenil, nuevos pasos en la formación de personas adultas y una remodelación territorial de la diócesis. En el horizonte aparece también la gran asamblea diocesana prevista para 2027.
No se trata tanto de añadir más actividades como de seguir aprendiendo a caminar juntos. Con comunidades abiertas, una fe compartida y la mirada puesta en quienes corren el riesgo de quedar fuera de foco.
El curso termina. Quedan el descanso y el tiempo para recuperar fuerzas. Pero también una imagen difícil de olvidar: la puerta de CEDIA abriéndose y el Papa entrando en Madrid desde las vidas que casi nunca ocupan el centro.