El tesoro de no olvidar a nadie
Pilar Algarate Pilar 25 de Julio de 2026Lecturas del XVII Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura libro de los Reyes 3, 5. 7-12. Segunda lectura: carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30. Santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
Hay tesoros que no se guardan en una caja. Tienen nombre, rostro, historia. A veces se sientan a nuestro lado, caminan despacio o repiten un recuerdo que ya hemos escuchado muchas veces. Son nuestros abuelos y abuelas, las personas mayores que han sostenido la vida antes que nosotros y que todavía tienen mucho que ofrecer.
Este domingo, además, celebramos a san Joaquín y santa Ana, padres de María y abuelos de Jesús. Su memoria nos recuerda el valor de quienes transmiten la fe y nos enseñan a mirar la vida desde la experiencia, el cuidado y el amor cotidiano. En ellos reconocemos también a tantas personas mayores que han sido raíz, refugio y referencia para sus familias y comunidades.
Salomón no pide riquezas ni una larga vida. Pide «un corazón atento» para saber discernir. Quizá esa sea también la sabiduría que necesitamos: aprender a mirar con calma, reconocer lo verdaderamente valioso y no permitir que las prisas vuelvan invisible a nadie.
Jesús compara el Reino de los cielos con un tesoro escondido y con una perla de gran valor. Quien los encuentra comprende que merece la pena dejar otras cosas para quedarse con lo esencial. Pero el tesoro no siempre aparece donde esperamos. Puede estar en la conversación con una persona mayor, en sus manos marcadas por los años, en una historia familiar que no conocíamos, en una visita realizada sin mirar el reloj o en una oración sencilla compartida en silencio.
En la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, el papa León XIV nos recuerda la promesa de Dios: «Yo no te olvidaré». Una promesa que nos consuela, pero que también nos compromete. Porque Dios cuenta con nuestras manos, nuestra voz y nuestro tiempo para que ninguna persona se sienta olvidada.
No basta con decir que las personas mayores son importantes. Es necesario hacerlo visible: llamar, visitar, escuchar, acompañar y reconocer su aportación. También acercarnos a quienes viven en soledad, permanecen en una residencia o en un hospital, o sienten que ya no cuentan para nadie. Una visita puede parecer un gesto pequeño, pero para quien lleva demasiado tiempo esperando puede convertirse en un verdadero tesoro.
El Reino no es un destello que dura un instante. Como decía el papa Francisco, es una luz que acompaña toda la vida. También cuando las fuerzas disminuyen, aparece la fragilidad o se necesita el cuidado de otras personas. Para Dios, ninguna etapa de la vida pierde su valor. Seguimos siendo sus hijos e hijas, sostenidos por un amor que nunca envejece y nunca olvida.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?'' Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".
Preguntas para la reflexión
- ¿Qué personas son un verdadero tesoro en mi vida? ¿Se lo hago saber?
- ¿Hay alguna persona mayor de mi familia, comunidad o entorno que pueda estar sintiéndose sola u olvidada?
- ¿Qué puedo dejar a un lado esta semana para regalarle tiempo, escucha y cercanía?
- ¿Reconozco la fragilidad como parte de la vida y acepto que todas las personas necesitamos cuidar y ser cuidadas?
Oración
Señor, Tú que llevas nuestros nombres grabados en las palmas de tus manos, enséñanos a no olvidar a nadie.
Danos un corazón atento, capaz de reconocer el tesoro que habita en cada persona mayor, en su historia, en su fe y en todo el amor que ha entregado.
Acompaña a quienes viven en soledad, a quienes esperan una visita, una llamada o una mano cercana. Que encuentren en nuestra presencia el reflejo de tu ternura.
Ayúdanos a construir una comunidad en la que cada vida sea escuchada, cuidada y reconocida hasta el final.
Y recuérdanos siempre que, en cualquier edad y circunstancia, somos tus hijos e hijas y Tú nunca te olvidas de nosotros.
Amén.