El perdón abre camino

Pilar Algarate Pilar 12 de Septiembre de 2026

Lecturas del XXIV Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: Eclo 27,33-28,9; Salmo 102; Segunda lectura: Rom 14, 7-9. Santo evangelio según san Mateo 18, 21-35.

Pedro quiere saber dónde está el límite: «¿Hasta siete veces?». Jesús no le da una cifra. Le cambia la pregunta. El perdón no va de llevar la cuenta de las veces que alguien nos ha fallado.

La parábola es dura. Un hombre al que le han perdonado una deuda imposible se encuentra después con otro que le debe mucho menos. Le agarra, le exige, no escucha. Había pedido paciencia para sí, pero no es capaz de tenerla con nadie.

Esta semana se han cumplido 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Hay fechas que no pasan del todo. Quedan las vidas perdidas, las familias rotas y también las guerras, los miedos y las divisiones que vinieron después. Recordarlo no debería llevarnos a señalar nuevos enemigos, sino a preguntarnos qué hacemos con el dolor cuando nos toca de cerca o nos llega desde lejos.

Perdonar no es decir que no ha ocurrido nada. Tampoco es olvidar, justificar una injusticia o volver a una relación que hace daño. Hay heridas que necesitan tiempo, verdad, reparación y distancia. Pero el Evangelio nos advierte de otra cosa: del peligro de quedarnos a vivir dentro de la ofensa, de ir pasando el daño de unas personas a otras.

A veces no podemos dar grandes pasos. Pero quizá sí dejar de alimentar una discusión, escuchar sin preparar la respuesta o reconocer que también necesitamos que nos perdonen. Por ahí puede empezar algo distinto.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.Y les propuso esta parábola: el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré." Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes." Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?" Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.

Para la reflexión

  • ¿Hay alguna herida que me está cerrando la mirada hacia otra persona?
  • ¿Sé pedir perdón cuando he causado daño?
  • ¿Qué diferencia hay, en mi vida, entre perdonar y justificar lo injustificable?
  • ¿Cómo podemos hacer de la misericordia una forma de vivir en nuestras comunidade?

Oración

Señor Jesús,
Tú conoces las heridas que guardamos
y las palabras que aún nos cuesta pronunciar.

Danos un corazón capaz de reconocer el daño,
de pedir perdón con verdad
y de no quedar atrapado en el rencor.

Enséñanos a cuidar nuestros límites
sin cerrar la puerta a la misericordia;
a buscar justicia
sin dejar de mirar a las personas con compasión.

Que tu perdón nos haga más libres
y nos ayude a abrir caminos de paz
allí donde vivimos.

 

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