El cardenal José Cobo, desde la Cañada Real: «Para Dios no existen barrios de segunda ni personas de segunda»
Pilar Algarate Pilar 12 de Julio de 2026La parroquia de Santo Domingo de la Calzada, en el Sector 6 de la Cañada Real, acogió la Eucaristía retransmitida por La 2 de RTVE, en una celebración que puso en el centro la dignidad de las personas, la esperanza y el compromiso de la comunidad cristiana.
Una iglesia sencilla, sin grandes columnas, vidrieras, órgano ni campanas, pero con una comunidad que cada domingo se reúne para celebrar la fe y sostener la vida compartida.
El Cardenal Cobo comenzó saludando a las personas presentes y también a quienes seguían la celebración desde hospitales, residencias y hogares. Agradeció la labor del párroco, los diáconos, las comunidades religiosas, las personas voluntarias y Cáritas Diocesana de Madrid, que acompaña a muchas familias de la zona.
«Aquí vive Cristo, aquí reza y crece una comunidad cristiana que es el rostro de Jesús en medio de la Cañada», afirmó.
Dios no reparte su amor según el código postal
A partir de la parábola del sembrador, José Cobo invitó a leer el Evangelio desde la realidad de la Cañada Real, un lugar en el que conviven el sufrimiento, la esperanza y el esfuerzo diario de muchas familias.
Recordó también la reciente visita del papa León XIV a Madrid y su decisión de comenzar su recorrido en CEDIA, el centro de Cáritas dedicado al acompañamiento de personas sin hogar.
Durante la homilía, el cardenal subrayó que Dios sigue confiando en todas las personas, antes incluso de que den fruto.
«Dios no calcula dónde amar más o menos. No reparte su gracia según el código postal, la nacionalidad, la situación administrativa, la economía o la historia de cada persona. Nadie queda excluido de su amor».
Frente a los mensajes que hacen sentir a algunas personas que no valen o que son un problema, proclamó una palabra distinta: «Dios sigue creyendo en vosotros y quiere devolveros la esperanza que nadie os puede arrebatar».
La buena tierra se prepara entre todas las personas
El arzobispo recordó que todas las personas atraviesan momentos de dolor, cansancio, miedo o desesperanza, pero también llevan dentro una tierra buena capaz de dar fruto.
«La buena tierra no nace perfecta. Se cultiva, se riega, se limpia y se cuida con paciencia».
Ese cuidado, añadió, se realiza en comunidad. La Iglesia no está para juzgar los terrenos, sino para sembrar esperanza, acompañar a quien cae, defender la dignidad de cada persona y crear fraternidad.
También pidió a las administraciones públicas que dejen a un lado sus diferencias y trabajen juntas para responder a la situación de la Cañada Real.
«Necesitamos que cojan los aperos del diálogo y de la búsqueda creativa del bien común», señaló.
«No estáis solos»
El cardenal destacó que en la Cañada no solo hay necesidades. También hay familias que luchan, jóvenes que sueñan, niños y niñas que estudian, personas que buscan trabajo y comunidades que siguen creyendo que merece la pena cuidar y cuidarse.
«Allí donde el mundo solo ve un terreno olvidado, Dios sigue viendo un campo capaz de dar fruto».
Al finalizar la celebración, una voluntaria agradeció que la Eucaristía se hubiera retransmitido desde una iglesia humilde, pero llena de vida comunitaria.
José Cobo cerró la celebración con un mensaje de cercanía:
«No estáis solos. Nunca estáis solos. Seguiremos caminando juntos para dar luz a tantas oscuridades y para que la dignidad humana sea reconocida».
La Eucaristía concluyó recordando que, para Dios, no existen barrios de segunda ni personas de segunda. Allí donde tantas veces se ponen etiquetas, el Evangelio sigue sembrando esperanza.