El Árbol de la Esperanza que se entregará al Papa nace de muchas manos y muchas historias

Pilar Algarate Pilar 28 de Mayo de 2026

Cáritas Madrid presenta en una jornada de puertas abiertas el regalo que se entregará al papa León XIV durante su visita a CEDIA: una pieza elaborada por personas acompañadas en el Centro de Tratamiento de Adicciones

Hay regalos que no caben en una caja porque llevan dentro muchas historias. El que Cáritas diocesana de Madrid está elaborando al papa León XIV durante su visita a CEDIA, el próximo 6 de junio, no es solo un objeto de madera. Es un árbol. Pero también es una forma de contar que, incluso en los inviernos más duros de la vida, pueden volver a brotar raíces, futuro y esperanza.

Con motivo de la visita del Santo Padre, Cáritas diocesana de Madrid celebró ayer una jornada de puertas abiertas en su Centro de Tratamiento de Adicciones, en la calle Santa Hortensia, para dar a conocer la labor que se realiza en este recurso y presentar el regalo que se entregará al Papa en nombre de la Pastoral Social de la Iglesia en Madrid: el Árbol de la Esperanza, elaborado en el taller de madera del centro por personas que participan en sus procesos de acompañamiento.

Durante el encuentro con periodistas, Paula, responsable del centro, explicó que cualquier persona puede llegar al recurso, llamar a la puerta o pedir cita por teléfono. A partir de ahí comienza un camino en el que la persona es protagonista de su propio proceso. “Tiene que dar los pasos”, señaló, subrayando que el tratamiento se aborda desde un equipo multidisciplinar formado por profesionales de la psicología, la medicina, la enfermería y el trabajo social.

El centro, pionero hace casi tres décadas en el tratamiento de las adicciones, ha ido adaptándose a una realidad cambiante. Si en sus inicios tuvo un papel clave en programas de reducción de riesgos vinculados a la heroína y la dispensación de metadona, hoy acompaña también nuevas formas de adicción. El alcohol sigue siendo una de las principales causas de demanda de ayuda, en una sociedad que lo tiene profundamente normalizado. A ello se suman el consumo de cocaína, estimulantes, cannabis y las adicciones comportamentales, especialmente vinculadas al uso abusivo de pantallas, redes sociales y móviles.

Pero detrás de cada adicción no hay solo una sustancia o una conducta. Hay soledad, aislamiento, pérdida de vínculos, sufrimiento acumulado y, muchas veces, una petición de ayuda que tarda demasiado en llegar. Por eso, el centro no trabaja únicamente desde lo clínico, sino también desde lo cotidiano: recuperar horarios, vínculos, hábitos, cuidado personal, alimentación, conversación, participación y sentido.

Alba Martín, educadora social del Centro de Tratamiento de Adicciones, explicó que el centro de día está abierto de 9:00 a 18:00 horas y acompaña especialmente a personas con historias de consumo largas o más cronificadas, que necesitan un refuerzo extra para sostener su tratamiento. Algunas se encuentran en situación de sinhogarismo y necesitan cubrir necesidades básicas como la ducha, la lavandería, la comida o una taquilla. Otras están esperando un ingreso y necesitan llegar en las mejores condiciones posibles para que ese paso no se convierta en una nueva experiencia de fracaso.

La vida del centro se sostiene también en sus talleres. Actualmente hay cerca de 26 talleres activos: madera, cerámica, teatro, escritura creativa, deporte, actividades culturales, formativas y ocupacionales. En ellos, la recuperación deja de ser solo una palabra médica y se convierte en algo que se toca con las manos. Lijar una pieza, teñir una madera, decidir un color, salir a un museo, compartir una comida o terminar un objeto son pequeños gestos que ayudan a recomponer lo que la adicción fue rompiendo.

En uno de esos talleres nació el Árbol de la Esperanza. Lo han elaborado unas diez personas del taller de madera durante los últimos meses. No fue un proceso rápido ni sencillo. Ningún árbol parecía suficientemente bonito. Ningún modelo terminaba de convencer. Se probaron formas, colores, piezas, acabados. Cada participante aportó lo que pudo: quien sabía cortar, cortó; quien podía lijar, lijó; quien tenía más capacidad para diseñar, propuso; quien solo podía teñir una pieza, también dejó ahí parte de su proceso.

Y quizá por eso el árbol tiene tanto sentido. Está hecho de piezas. Como tantas vidas que llegan rotas o desordenadas y, con apoyo, tiempo y cuidado, pueden volver a encajar.

“Para nosotros el árbol representa la esperanza, los propósitos de cambio y de transformación”, explicó Alba. “En el invierno de la vida, cuando una persona está más vulnerable o más frágil, puede encontrar unas raíces que la sostengan. Con los apoyos necesarios, cualquier persona puede salir adelante. Puede llegar la primavera y puede brotar de nuevo la esperanza”.

El árbol que se entregará al Papa está vinculado también al acto que se vivirá en CEDIA. Allí, las personas acompañadas por la Pastoral Social de la Iglesia en Madrid colocarán sus deseos, sueños y esperanzas en un gran Árbol de la Esperanza. El regalo elaborado en el Centro de Tratamiento de Adicciones será una forma de llevar hasta el Santo Padre ese símbolo común: un árbol pequeño, nacido de muchas manos, que recordará las historias de quienes buscan volver a empezar.

Fernando, una de las personas que ha participado en el taller, lo explicó con sencillez mientras mostraba algunas de las piezas. Para él, el taller es “un desahogo”, una forma de salir de la rutina de la calle y compartir tiempo con otras personas. Llegó al centro en situación de calle y encontró allí algo más que un tratamiento: “Para mí fue una liberación. Pasé de estar vagabundeando y dejándome la vida todos los días a tener aquí un plato caliente. Vi el cielo abierto”.

También Virginia, acompañada en el centro, compartió su experiencia. Tiene 64 años y su proceso está vinculado al alcohol. Participa en talleres, actividades culturales y espacios de convivencia. “Estar fuera durante esos momentos libera la mente. Tienes el tiempo ocupado, te ríes con tus compañeros, compartes la comida y hablas de cómo va evolucionando cada persona. A mí me está ayudando bastante”, contó.

Virginia será, además, una de las personas que participará en el encuentro con el Papa en CEDIA. Lo vive con sorpresa, alegría y responsabilidad. “Quiero poder expresarle toda la labor que está haciendo Cáritas, especialmente este centro, que es el que conozco. Hablarle de la profesionalidad del equipo, de las personas voluntarias y representar también a mis compañeros”.

El Árbol de la Esperanza viajará hasta el Papa como un regalo de la Pastoral Social de la Iglesia en Madrid. Pero, sobre todo, como un signo de esas vidas que no se resumen en una caída, en un consumo o en una herida. Vidas que, cuando encuentran apoyo, escucha y cuidado, pueden volver a echar raíces.

Porque la esperanza, a veces, empieza así: con una puerta abierta, una mesa compartida, una mano que no juzga y un trozo de madera que alguien decide lijar con cuidado.

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