Diecisiete seminaristas, una formación que se abre a la vida de las personas
Pilar Algarate 3 de Octubre de 2026Diecisiete seminaristas comenzarán un itinerario de voluntariado en Cáritas Diocesana de Madrid. Los viernes compartirán la tarea de las acogidas y los proyectos parroquiales; los domingos se acercarán a personas en situación de exclusión. Santa Irene acogió su primer encuentro.
En la parroquia Santa Irene, un mismo salón sirve para acompañar a quienes buscan empleo y para que un grupo de personas mayores ensaye teatro. Hay familias del barrio que preparan la cena para las personas migrantes acogidas en la parroquia y voluntarios que se quedan a pasar la noche. La vida de la comunidad se puede conocer recorriendo sus salas, pero necesita algo más de tiempo para entenderse.
A esa tarea van a acercarse diecisiete seminaristas que comenzarán un itinerario de acción pastoral y voluntariado en Cáritas Diocesana de Madrid. El pasado 2 de octubre tuvieron su primer encuentro en esta parroquia, donde conocieron algunos de los proyectos en los que participarán y hablaron de lo que supone ponerse al lado de otra persona cuando la vida se complica.
Los viernes estarán en acogidas y proyectos parroquiales; los domingos, en proyectos de acompañamiento a personas en situación de exclusión. Esta experiencia formará parte de su preparación para el ministerio sacerdotal.
La puerta de una parroquia
Javier Ojeda, delegado episcopal de Cáritas diocesana de Madrid, y Pilar Algarate, secretaria general, les presentaron la acción de Cáritas desde una realidad concreta: alguien llama a la puerta y necesita ser escuchado.
Puede llegar por una dificultad económica, por la búsqueda de empleo o porque no sabe cómo seguir pagando la habitación en la que vive. A veces, durante la conversación aparecen otras preocupaciones. La falta de apoyos. La soledad. Las dificultades de los hijos e hijas para encontrar un lugar tranquilo donde estudiar.
En las acogidas parroquiales, los seminaristas compartirán esa primera escucha con los equipos de voluntariado. Conocerán cómo se acompaña a una familia y cómo se trabaja con las personas profesionales de referencia para buscar los apoyos adecuados. También participarán en proyectos parroquiales con niños, niñas y adolescentes, donde el juego y las actividades de tiempo libre tienen su lugar en el acompañamiento.
Durante el encuentro se insistió en la importancia de conocer los recursos de Cáritas. Saber que existe un proyecto de empleo, un espacio de atención a la salud mental o un alojamiento para una mujer embarazada permite orientar mejor a quien se acerca. Y seguir a su lado cuando necesita una atención que la parroquia, por sí sola, no puede ofrecer.
Compartir lo cotidiano
Para los domingos se presentaron propuestas como CEDIA, la Casa de Acogida San Agustín y Santa Mónica, Nuestra Señora de Valvanera, Hogar Isaías y el encuentro con la comunidad de la Cañada Real.
En estos espacios, los seminaristas podrán compartir actividades y tiempo con personas que atraviesan situaciones de exclusión. La conversación se detuvo en lo que supone recuperar estabilidad después de haber vivido en la calle, en la importancia de contar con relaciones de confianza y en la necesidad de respetar los tiempos de cada persona.
También se habló de lo que puede empezar a cambiar cuando se dispone de un lugar seguro donde vivir. Hay quien retoma el contacto con su familia, quien recupera una relación que parecía perdida y quien encuentra la posibilidad de volver a vivir de forma autónoma. Son procesos que requieren tiempo y en los que cada persona va tomando sus propias decisiones.
El voluntariado participa de esa vida cotidiana. Comparte una actividad, una conversación, una mesa. Aprende a estar cerca, a reconocer los avances y a aceptar que no siempre tendrá una respuesta.
Qué imagen de la Iglesia se lleva una persona
Javier Ojeda planteó una reflexión especialmente vinculada al futuro de los seminaristas: para algunas personas, la acogida de Cáritas será su principal encuentro con la Iglesia. La manera de recibirlas, el tiempo que se les dedique y el respeto con el que se escuche su historia formarán parte de la imagen que se lleven de ella.
Por eso, el ejercicio de la caridad ocupa un lugar esencial en la formación pastoral. En la acogida se expresa también la fe de una comunidad, su manera de reconocer la dignidad de cada persona y de hacerle sitio.
Aprender también de las preguntas
Hubo tiempo, además, para hablar de las dificultades. De la impotencia cuando no se puede resolver una situación. De lo que cuesta comprender algunas reacciones. De las expectativas con las que se comienza un voluntariado y de cómo cambian al conocer a las personas.
Pilar compartió cómo el encuentro con otras realidades puede transformar la propia mirada y las decisiones de vida. Animó a los seminaristas a conocer sus motivaciones y a dejar espacio para lo que vayan descubriendo.
La invitación fue a compartir lo vivido con los equipos y con quienes acompañan su formación, a preguntar y a reconocer los propios límites. La reflexión y la oración tendrán también su lugar en este aprendizaje.
Los dieciséis seminaristas comenzarán ahora a incorporarse a los distintos espacios. Allí conocerán nombres, recorridos y preocupaciones que no caben en la presentación de un proyecto. Y podrán empezar por algo que estuvo muy presente en Santa Irene: dedicar tiempo a escuchar.