Pobrezas, al fin y al cabo
María Ángeles Altozano 16 de Octubre de 2026Hay una pobreza que se palpa. Con rostros y nombres. E incluso con datos. Se recoge en informes como el FOESSA, que señala que en Madrid hay más de 1 millón de personas en situación de exclusión social. Demasiadas. También lo dice el informe AROPE que recoge que nuestra región tiene el índice de Gini más elevado del país, lo que refleja un mayor nivel de desigualdad en la distribución de la renta. Lo muestran las cifras que nos recuerdan la necesidad de seguir celebrando este 17 de octubre el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.
Estas pobrezas empiezan mucho antes de ser retratadas en informes. Empiezan cuando un hombre pierde su empleo, no puede pagar la hipoteca y está al borde del desahucio. Empieza cuando un joven que se ha formado durante años no encuentra aún un primer empleo que le permita emanciparse. O empieza en un salón de un tercero sin ascensor, donde una señora mayor espera una visita que nunca llega. Pobrezas.
Pobrezas ante las que desde Cáritas Madrid respondemos siguiendo el ejemplo del papa León XIV, que acudió a nuestro centro CEDIA para mirar la vulnerabilidad cara a cara, para ofrecer una primera sonrisa de acogida a personas que pasan la noche o el día a la intemperie. Ofrecemos un acompañamiento que comienza con la escucha y termina con proyectos concretos de residencia temporal, cobertura de necesidades básicas, empleo o asesoramiento.
Y hay otra pobreza. Esta es más difícil de detectar. La llamo pobreza de espíritu. Es la de las personas que piensan que no pueden hacer nada para ser parte de una sociedad más justa. O simplemente, no quieren hacerlo. No se identifican, no los identifican como hermanos, vecinos... ni siquiera con lo que podrían llegar a ser ellas mismas si la vida les da un revés.
Esa pobreza se incrusta más que la mugre, tiñe el corazón de indiferencia o de falta de humanidad. Pobres, que pasan y no ven. En Cáritas Madrid también nos gustaría acompañarlas, enseñarles con qué realidad conviven cada día, ofrecerles la oportunidad de mirar, ver y, a ser posible, tender una mano. De ahí la necesidad de difundir informes o de dar testimonio.
Desde el ofrecer o mostrar, podemos contribuir a sanar pobrezas, materiales o de espíritu.
Pobrezas, al fin y al cabo.