Cuando un grito nos obliga a mirar
Pilar Algarate Pilar 16 de Agosto de 2026Lecturas del XX Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: Isaías 56: 1, 6-7. Segunda lectura: Rom 11:13-15, 29-32. Santo evangelio según san Mateo 15, 21-28.
El Evangelio de este XX Domingo del Tiempo Ordinario nos presenta a una mujer de la que ni siquiera conocemos el nombre. Mateo nos dice que era cananea, extranjera, y que salió al encuentro de Jesús para pedir ayuda por su hija: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David!».
La escena no resulta cómoda. La mujer grita y Jesús, al principio, guarda silencio. Los discípulos la escuchan, pero su insistencia comienza a molestarles. Quieren que Jesús atienda su petición para que deje de seguirles gritando.
Ella, sin embargo, no se marcha.
Se acerca todavía más y reduce toda su petición a tres palabras: «Señor, socórreme».
El papa Francisco, al comentar este mismo pasaje, se fijaba precisamente en la fortaleza de esta mujer y en aquello que la mueve: el amor por su hija. Un amor que la lleva a insistir incluso cuando parece que no va a encontrar respuesta. «Es el amor lo que mueve la fe», recordaba Francisco en el Ángelus del 20 de agosto de 2017.
Finalmente, Jesús reconoce lo que quizá quienes le acompañaban no habían sido capaces de ver: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas».
Después de la Paloma, seguir mirando
Este Evangelio llega apenas después de que Madrid haya celebrado la fiesta de la Virgen de la Paloma. Durante la celebración, el cardenal José Cobo dejó una pregunta que puede ayudarnos a entrar en el Evangelio de este domingo: «¿Quién está quedando fuera de nuestra mirada?»
La mujer cananea podía haberse quedado fuera.
Era extranjera, venía de otro territorio y no pertenecía al pueblo de Israel. Incluso para los discípulos, en un primer momento, parece convertirse más en una voz incómoda que en una persona que necesita ser escuchada.
Dos mil años después, la pregunta continúa siendo necesaria.
También nuestras ciudades están llenas de personas que llaman a distintas puertas buscando una respuesta. Personas que han llegado desde lejos, familias preocupadas por sus hijos, personas que viven solas, que atraviesan dificultades para acceder a una vivienda o que necesitan simplemente encontrar a alguien dispuesto a escuchar antes de juzgar.
No siempre tenemos una respuesta inmediata. Tampoco podemos solucionar cada situación que llega hasta nosotros. Pero el Evangelio sí nos invita a preguntarnos desde dónde miramos y qué hacemos cuando el dolor de otra persona interrumpe nuestro camino.
Alzar la mirada también es detenerse
«Alcemos juntos la mirada» es la invitación que acompañará el nuevo curso pastoral de la Archidiócesis de Madrid. Y quizá este domingo el Evangelio nos ofrece una pista muy concreta para hacerlo.
Alzar la mirada no consiste solamente en mirar hacia arriba. También significa mirar alrededor y descubrir a quien corre el riesgo de quedarse fuera.
La mujer cananea insistió hasta ser escuchada. Jesús se detuvo y reconoció en aquella mujer extranjera una fe enorme.
La fiesta de la Paloma ya ha terminado. Se recogerán los claveles, desaparecerán los mantones de las calles y Madrid recuperará poco a poco su ritmo habitual.
Pero la pregunta puede quedarse con nosotros:
¿Quién está quedando fuera de nuestra mirada?
Quizá la respuesta esté mucho más cerca de lo que pensamos.
Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo saliendo de Genesaret, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada». Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros». Respondió Él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y desde aquel momento quedó curada su hija.
Preguntas para la reflexión
- ¿Hay algún grito cercano que, por costumbre, cansancio o prisas, he dejado de escuchar?
- ¿Quiénes son hoy las personas que pueden estar quedando fuera de nuestra mirada, también en nuestras comunidades?
- ¿Tengo una fe capaz de seguir diciendo «Señor, socórreme» cuando parece que no encuentro respuesta?
- Y una última pregunta: ¿qué tendría que cambiar en mi forma de mirar para que alguien deje de sentirse fuera?
Oración
Señor Jesús,
enséñanos a mirar como Tú.
A descubrir a quien se queda al margen,
a escuchar a quien lleva demasiado tiempo llamando
y a no acostumbrarnos al dolor de otras personas.
Danos también la fe de aquella mujer,
capaz de seguir confiando cuando parecía no haber respuesta.
Que sepamos alzar la mirada
y descubrir que, muchas veces,
quien necesita de nosotros
está mucho más cerca de lo que pensamos.
Amén.