¿Y tú, dónde te vas de vacaciones?

10 de Julio de 2026

Con la llegada del verano hay una pregunta que se repite en conversaciones, reuniones familiares, mensajes de WhatsApp y encuentros casuales: «¿Y tú, dónde te vas de vacaciones?».

La formulamos con naturalidad, casi como una forma amable de interesarnos por los planes de otras personas. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que detrás de esa pregunta puede haber realidades muy distintas.

En nuestra sociedad hemos llegado a asociar las vacaciones con viajar, salir de la ciudad, conocer nuevos lugares o disfrutar de experiencias que rompan con la rutina. Las redes sociales, la publicidad y el propio entorno refuerzan esta idea: parece que descansar implica necesariamente desplazarse, reservar alojamiento o planificar actividades especiales.

Pero ¿es realmente así?

Desde el equipo de psicología de Cáritas Madrid queremos proponer una reflexión sencilla: quizá hemos confundido el descanso con el viaje.
Descansar no siempre significa irse lejos. Descansar puede ser disponer de tiempo para uno mismo, dormir sin prisas, compartir una comida tranquila con la familia, pasear por un parque, leer un libro pendiente o simplemente reducir durante unos días el ritmo de exigencia que nos acompaña durante el resto del año.

Sin embargo, cuando identificamos vacaciones únicamente con viajar, corremos el riesgo de convertir algo que debería ser una oportunidad de bienestar en una fuente de comparación y presión.

No todas las familias pueden permitirse salir de vacaciones. Muchas personas afrontan el verano con presupuestos muy ajustados, preocupadas por llegar a fin de mes, asumir gastos extraordinarios o atender necesidades básicas. Otras trabajan durante gran parte del periodo estival o tienen responsabilidades de cuidado que dificultan cualquier desplazamiento.

Para quienes viven estas situaciones, escuchar constantemente preguntas sobre destinos, hoteles o viajes puede generar sentimientos de frustración, tristeza o sensación de quedarse al margen de aquello que parece hacer todo el mundo.

A veces no somos conscientes de ello. Detrás de una pregunta aparentemente inocente puede aparecer una comparación involuntaria que recuerde a algunas personas aquello que no pueden permitirse.

Esto no significa que debamos dejar de compartir nuestras experiencias o nuestras ilusiones. Significa, más bien, que podemos ampliar nuestra mirada y reconocer que existen muchas maneras diferentes de vivir el verano. Quizá por eso merece la pena revisar algunas ideas que damos por sentadas. No todas las personas necesitan las mismas vacaciones ni todas tienen las mismas oportunidades para disfrutarlas. 

Hay familias que encuentran momentos de descanso en una piscina municipal, en una excursión cercana, en una cena compartida al fresco cuando cae la tarde o en unos días con menos horarios y más tiempo para estar juntos. Hay personas para quienes el mayor regalo de las vacaciones consiste simplemente en detenerse, recuperar fuerzas y sentirse menos presionadas.

Desde una perspectiva psicológica, el descanso tiene más que ver con la posibilidad de recuperarnos física y emocionalmente que con el lugar en el que nos encontremos. Nuestro bienestar no depende únicamente del destino, sino de la capacidad de desconectar de ciertas exigencias, cuidar nuestras relaciones y dedicar tiempo a aquello que nos hace bien.

Tal vez este verano podamos sustituir la pregunta «¿Dónde te vas de vacaciones?» por otras igualmente cercanas: «¿Cómo vas a descansar?», «¿Qué te hace ilusión hacer estos días?» o «¿Cómo estás?».

Porque el descanso no siempre tiene forma de viaje. A veces tiene forma de conversación, de silencio, de tiempo compartido o de una mañana sin prisas. Y eso también son vacaciones.

#Bienestar #vacaciones
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