Cuando el miedo nos hace mirar hacia abajo

Pilar Algarate Pilar 8 de Agosto de 2026

Lecturas del XIX Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: 1 Reyes 19, 9a. 11-13a. Segunda lectura: Rom 9, 1-5. Santo evangelio según san Mateo 14, 22-33.

Hay un instante en este Evangelio que casi podemos ver. Pedro ha bajado de la barca. Durante unos pasos, camina sobre el agua. Pero entonces siente el viento, mira las olas y comienza a hundirse.

A veces basta eso: mirar hacia abajo.

Mirar solo lo que amenaza, lo que no sale como esperábamos, las dificultades que parecen crecer mientras nuestras fuerzas se hacen más pequeñas. El miedo tiene esa capacidad de ocuparlo todo. Nos hace olvidar el camino recorrido, las manos que nos han sostenido y hasta la voz que, unos segundos antes, nos había dicho: «Ven».

Pedro no pronuncia una gran oración. Solo grita: «Señor, sálvame». Y Jesús, nos cuenta Mateo, extiende inmediatamente la mano. Primero lo sostiene; después hablarán de sus dudas. Es un detalle pequeño, pero dice mucho de la manera de acercarse de Dios: no espera a que Pedro deje de tener miedo, no le pide que se explique. Lo levanta.

Quizá la fe no consista en caminar siempre con seguridad. Quizá tenga más que ver con saber hacia dónde gritar cuando empezamos a hundirnos y con reconocer esa mano que sigue buscándonos, incluso cuando nosotros hemos apartado la mirada.

Este verano hemos visto esa mano muy cerca. Durante su visita a CEDIA, el papa León XIV habló de una puerta «pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia». Una puerta que cada día cruzan personas que llegan con su propia tormenta: la calle, la soledad, un viaje lleno de incertidumbre, la falta de oportunidades o el cansancio de tener que empezar de nuevo.

Al otro lado no desaparecen de pronto todos los problemas. Pero hay alguien que abre, pregunta el nombre, escucha y comienza a caminar junto a esa persona. A veces, tender la mano se parece mucho a eso.

El Papa dijo también que aquella era una casa «donde nadie se queda solo». Tal vez esta sea una buena imagen de la Iglesia y de nuestras comunidades: no una barca en la que nunca sopla el viento, sino un lugar donde, cuando alguien comienza a hundirse, encuentra una mano cerca.

Porque unas veces somos Pedro y necesitamos gritar. Otras podemos ser esa mano que llega a tiempo. Y casi siempre somos las dos cosas: personas frágiles que también pueden sostener a otras.

En medio del viento hay una voz que continúa diciendo: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Quizá no calme inmediatamente todas las olas, pero nos recuerda algo importante: no estamos atravesando la noche en soledad.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".

Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".

Preguntas para la reflexión

  1. ¿Qué preocupación o miedo está ocupando ahora toda mi mirada?
  2. ¿Me permito pedir ayuda cuando siento que no puedo seguir en soledad?
  3. ¿Quién puede estar necesitando que me acerque y le tienda la mano?

Oración

Señor Jesús,

cuando el miedo nos haga mirar hacia abajo,
ayúdanos a reconocer tu voz
en medio de tantos ruidos.

Tiéndenos la mano
cuando sintamos que nos hundimos
y enséñanos también a permanecer cerca
de quienes atraviesan una tormenta.

Que nuestras comunidades sean puertas abiertas,
lugares de escucha y de encuentro,
donde cada persona sea mirada con dignidad
y nadie tenga que caminar en soledad.

Amén.

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