Construir comunidad junto con las personas migrantes: de la acogida a la participación
Pilar Algarate 19 de Octubre de 2026La II Jornada de Buenas Prácticas con Migrantes y Refugiados reunió experiencias de distintas realidades de la Iglesia de Madrid para avanzar hacia comunidades en las que las personas migrantes sean acogidas, participen y tengan voz. Cáritas Diocesana de Madrid participó en este encuentro, celebrado el 17 de octubre en la parroquia de San Hilario de Poitiers.
«En la Iglesia de Madrid nadie es extranjero; en la Iglesia de Madrid somos hermanos y hermanas». Con estas palabras, José Luis Segovia, vicario de Pastoral, resumió una de las claves de la II Jornada de Buenas Prácticas con Migrantes y Refugiados, organizada por la Delegación de Migraciones de la Archidiócesis de Madrid.
La jornada reunió a personas y experiencias de distintos ámbitos de la Iglesia diocesana para compartir buenas prácticas, dificultades y retos en el acompañamiento y la participación de las personas migrantes y refugiadas. Junto a la Delegación de Migraciones participaron distintas delegaciones y realidades diocesanas, entre ellas las de Juventud, Catequesis, Familia, Trabajo, Enseñanza y Cáritas.
Personas con los mismos derechos y la misma dignidad
José Luis Segovia recordó que el lugar de procedencia, el color de la piel o la situación administrativa no pueden marcar diferencias en la acogida: «Nos es irrelevante el país de procedencia, el color de nuestra piel, las circunstancias administrativas de regularización o no regularización en que nos encontremos».
La Iglesia está llamada a ofrecer, añadió, «ante todo y sobre todo, un abrazo de parte de Dios a quienes habéis tenido que salir de vuestra tierra».
El vicario de Pastoral recordó también la mirada del papa León XIV sobre las migraciones como «el ejercicio del derecho a la esperanza». Una esperanza que debe traducirse en derechos y oportunidades reales: «A nadie se le puede privar de las posibilidades de una vida mejor, porque eso va inherente a la dignidad inquebrantable que tenemos todos».
Desde esta perspectiva, defendió la necesidad de contar con vías seguras y regulares y con procesos que garanticen los derechos de quienes se ven obligados a desplazarse.
Pero, junto al derecho a migrar, está también el derecho a no tener que hacerlo. Construir sociedades más justas y fraternas implica actuar sobre las causas que obligan a tantas personas a abandonar sus hogares: los conflictos, el deterioro medioambiental, la desigualdad o la falta de oportunidades para desarrollar una vida digna.
No solo acoger: participar y ser parte
Uno de los retos planteados durante la jornada fue avanzar desde la acogida hacia la participación plena de las personas migrantes en nuestras comunidades.
Segovia insistió en que la Iglesia de Madrid las acoge «como miembros de absoluto pleno derecho» y las anima a participar en las comunidades cristianas «con el protagonismo que merecen».
Esta apuesta se concreta también en la vida pastoral de la diócesis. La nueva regulación de los consejos pastorales contempla la representación de las personas migrantes, favoreciendo su participación y corresponsabilidad en igualdad de condiciones.
No se trata, por tanto, únicamente de hacer cosas para las personas migrantes, sino de construir comunidad con ellas, reconociendo lo que aportan a la Iglesia y al conjunto de la sociedad.
Tender la mano a quien llega
Rufino García Antón, delegado de Migraciones, recordó la llamada de la Palabra de Dios a acoger al forastero y puso el acento en una Iglesia capaz de tender la mano a quien llega, también cuando lo hace después de atravesar situaciones difíciles, pero conservando siempre una dignidad que nadie puede arrebatarle.
El Plan Pastoral de la Iglesia de Madrid para este curso 2026-2027 recoge precisamente la atención a las personas migrantes como una de sus prioridades, desde una espiritualidad sinodal y mediante iniciativas como la Mesa por la Hospitalidad.
La jornada permitió comprobar que ese camino ya está en marcha en numerosos lugares de nuestra diócesis.
Buenas prácticas que construyen comunidad
Durante el encuentro se compartieron experiencias concretas desarrolladas en parroquias y comunidades.
El espacio sociocomunitario del arciprestazgo de San Diego, en Puente de Vallecas, genera lugares de encuentro en los que las personas migrantes pueden compartir su día a día, con especial protagonismo de las mujeres y desde una metodología horizontal.
En la parroquia de Nuestra Señora de África, en Carabanchel, la realidad migratoria forma parte de la propia catequesis, también con catequistas migrantes, y se crean espacios de escucha para niños, niñas y familias.
La parroquia de Santa Paula, en Canillas, desarrolla una experiencia de Mesa de la Hospitalidad en la que participan diferentes grupos y generaciones de la comunidad parroquial, favoreciendo el encuentro y la convivencia con personas migrantes africanas.
También los jóvenes de Santa María Madre de Dios, en Tres Cantos, llevan años acercándose a la realidad de las personas recién llegadas a España. Sus experiencias en Melilla y Canarias han dado paso a otras iniciativas de acogida y orientación, al tiempo que ayudan a sensibilizar frente a los discursos de odio y la desinformación.
Son experiencias diferentes que comparten una misma intuición: abrir espacios donde encontrarnos, conocernos y construir vínculos capaces de superar prejuicios, racismo y desarraigo.
Caminar juntos
La jornada puso también sobre la mesa la necesidad de seguir trabajando de manera transversal entre las distintas delegaciones, parroquias y realidades de la Iglesia de Madrid. Compartir lo que funciona, reconocer las dificultades y aprender unas de otras permite avanzar hacia comunidades cada vez más abiertas, diversas y participativas.
El encuentro terminó con un momento de oración en el que se pusieron ante Jesús los rostros y las realidades de tantas personas que han tenido que dejar su tierra.
Porque detrás de cada palabra (migración, refugio, acogida) hay personas, historias y proyectos de vida. Y una llamada para toda la comunidad cristiana: reconocernos como hermanos y hermanas y hacer de nuestras comunidades lugares donde nadie sea extranjero.