‘Congeladas’ en la pobreza energética
María Ángeles Altozano 7 de Noviembre de 2026Rosa ya lo siente. Es el escalofrío que acaba de recorrerle la espalda. Ahora sí, llega el frío. Ya pisamos noviembre.
Y por las rendijas del marco de la ventana desvencijado se cuelan el aire y la humedad. Y eso que parecía que nunca iba a llegar. Pero llega. Otra vez el invierno y, otra vez, las facturas imposibles de pagar.
De nuevo, a sacar mantas y a calentarse las manos en el fogón mientras hierve la sopa.
Ella lo sobrelleva como puede. Tiene casi setenta años y ha vivido un poco de todo. Pero ellos, sus dos nietos y su hija llevan ya tres años viviendo con ella, desde que a Julia —así se llama su hija— la despidieran después de volver de la baja. Cuatro en una casa más expuesta al frío que a la buena suerte.
Cuatro con una pensión escasa. Cuatro pasando frío. Ahora incluso echa de menos el calor que las ahogaba en verano, casi tanto como las facturas, piensa irónicamente.
La exclusión es como el aire frío de la sierra norte de Madrid, se cuela por las rendijas del día a día y lo impregna todo. No es solo no llegar a fin de mes, no poder pagar las facturas, no poder arreglar las ventanas o no poder vivir en un espacio acondicionado y eficiente. Es que la pobreza energética se ceba con quienes menos recursos tienen. No contar con un aislamiento térmico adecuado o con electrodomésticos de bajo consumo es un lastre para las familias, que tienen que pagar más con menos recursos económicos.
En Cáritas Madrid acompañamos a muchas familias para que puedan afrontar arreglos y hacer más eficientes sus hogares, o para que puedan pagar algunos recibos. Y también lo hacemos ahora desde el Servicio Diocesano de Vivienda, con un proyecto de cuidado de la ‘Casa Común’, en colaboración con la Universidad Pontificia Comillas, para que jóvenes estudiantes realicen estudios de viabilidad y eficiencia energética en las viviendas de familias en situación de vulnerabilidad de nuestra región.
Se trata de medidas que cuidan del planeta y de las familias como la de Rosa. Para que la pobreza energética no siga ensanchando la brecha de la desigualdad, de polo a polo, dejando congeladas en la exclusión a quienes menos tienen.