Cobo llama a las personas mayores a ser artesanas de reconciliación frente a la polarización
Pilar Algarate Pilar 26 de Julio de 2026La catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este domingo la celebración de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, coincidiendo con la memoria de san Joaquín y santa Ana, abuelos de Jesús.
La Eucaristía ha estado presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, y ha reunido a personas mayores, familiares, comunidades parroquiales y responsables de la pastoral diocesana. También han participado varias personas mayores de la residencia “Fundación Santa Lucía” apoyada por Cáritas Madrid, acompañadas por la comunidad de vida de la congregación Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha. Juntas compartieron esta celebración con el resto de la comunidad diocesana.
Aprender a mirar de otra manera
La imagen del tesoro escondido y de la perla de gran valor, propuesta por Jesús en el Evangelio, ha guiado la homilía del arzobispo de Madrid. Un tesoro puede permanecer delante de nuestros ojos sin que lleguemos a reconocerlo. Para descubrirlo, ha explicado, es necesario aprender a mirar «con los ojos del Reino de Dios».
Esta llamada a mirar de una forma nueva alcanza también a toda la Iglesia. Entre los dones que Dios ha ido sembrando en ella se encuentra la vida de las personas mayores, que han construido las parroquias, sostenido a sus familias, acompañado la transmisión de la fe y mantenido viva la esperanza en momentos difíciles.
Precisamente porque siempre están presentes, ha advertido el cardenal, puede suceder que pasemos por alto su riqueza, como aquel hombre que atravesó muchas veces el campo sin descubrir el tesoro que escondía.
«El bautismo no envejece»
José Cobo ha recordado la responsabilidad de cuidar y acompañar a las personas mayores, pero ha invitado a dar un paso más. No basta con preguntarnos qué puede hacer la comunidad por ellas. Es necesario descubrir, junto a ellas, qué quiere hacer Dios a través de su vida.
Desde esta perspectiva, la ancianidad no es únicamente una etapa de la vida, sino una vocación dentro de la existencia cristiana. «El bautismo no envejece», ha subrayado el arzobispo, porque el Señor continúa llamando y confiando una misión en cualquier edad y circunstancia.
Cada generación muestra un rostro diferente del Evangelio. La juventud abre caminos con audacia; la madurez los sostiene con responsabilidad y entrega cotidiana; y las personas mayores custodian el sentido de lo vivido, ayudando a recordar por qué comenzamos a caminar y hacia dónde nos conduce Dios. Ninguna edad basta por sí sola: todas se necesitan y enriquecen la vida de la Iglesia.
Memoria, oración y reconciliación
El cardenal ha señalado tres dimensiones concretas de la misión de las personas mayores. La primera es custodiar y transmitir la memoria creyente. No solo los recuerdos, sino la experiencia de la fidelidad de Dios a lo largo de los años.
Muchas personas aprendieron de sus abuelos y abuelas sus primeras oraciones y descubrieron la fe al verlos rezar, celebrar la Eucaristía o afrontar las dificultades. «No conserváis únicamente recuerdos; guardáis la memoria de la fidelidad de Dios», ha expresado José Cobo.
La segunda misión es sostener a la Iglesia mediante la oración. Cuando disminuye la capacidad de realizar determinadas tareas, puede crecer otra forma de fecundidad. La plegaria de tantas personas mayores sostiene silenciosamente a familias, parroquias, sacerdotes, vocaciones y comunidades.
La tercera es ayudar a construir la reconciliación en una sociedad marcada por el individualismo y la polarización. La experiencia permite distinguir lo esencial de lo accesorio y comprender que ninguna discusión merece romper la comunión.
Una Iglesia con raíces, tronco y ramas
Durante la homilía, el Arzobispo también ha presentado la imagen del árbol que acompañará el próximo proyecto pastoral de la diócesis. Un árbol formado por raíces, tronco y ramas, donde algunas partes resultan más visibles que otras, pero todas son necesarias para sostener la vida.
Las personas mayores representan en muchas ocasiones esas raíces que custodian la memoria, alimentan la fe y sostienen a la comunidad, aunque su aportación no siempre resulte visible.
La Jornada, por tanto, no ha querido ser solamente un homenaje, sino un compromiso para descubrir juntos la misión que Dios confía a cada persona. «Una Iglesia que descubre en las personas mayores un sujeto activo de la misión es una Iglesia que ha comprendido el significado de las parábolas del Reino», ha afirmado el cardenal.
Antes de concluir, José Cobo ha agradecido la misión de las personas mayores y la labor de quienes las acompañan desde las residencias, las parroquias y la pastoral diocesana. Una invitación a seguir abriendo ese tesoro, compartiendo la fe, sosteniendo con la oración y construyendo paz entre generaciones.
Después de la Eucaristía, la celebración ha continuado en el exterior de la catedral, donde se ha compartido una limonada con las personas mayores, en un ambiente cercano de encuentro y conversación.