Cardenal Cobo en la Virgen de la Paloma: «¿Quién está quedando fuera de nuestra mirada?»
Pilar Algarate Pilar 15 de Agosto de 2026La Iglesia de la Virgen de la Paloma estaba abarrotada desde primera hora. Fieles, vecinos y vecinas de La Latina, personas devotas de la Virgen, mantillas, representantes de las administraciones y, como cada año, miembros del Cuerpo de Bomberos de Madrid han compartido la celebración de la Virgen de la Paloma.
El cardenal José Cobo ha comenzado su homilía recordando precisamente cómo nació esta devoción tan madrileña. A finales del siglo XVIII, Isabel Tintero encontró una pequeña pintura de la Virgen de la Soledad con la que jugaban unos niños. La recogió, la arregló y la colocó a la entrada de su casa con una lámpara encendida.
Un gesto pequeño que terminó formando parte de la historia de Madrid.
«Las grandes historias de Dios casi nunca empiezan donde uno espera», ha señalado Cobo. Y desde aquella historia ha propuesto aprender a mirar de otra manera. Como hizo Isabel Tintero, que supo descubrir algo valioso allí donde otras personas podían haber pasado de largo.
Mirar más allá de las etiquetas
La mirada ha recorrido buena parte de la homilía. Una llamada que este año, además, tiene una resonancia especial para la Iglesia de Madrid: alzad la mirada.
Pero hacerlo, ha explicado Cobo, no significa apartarla de lo que ocurre a nuestro alrededor. Al contrario. Es mirar «más allá de las etiquetas y de las ideologías o polarizaciones», descubrir personas donde otros ven problemas o rivales y «reconocer la dignidad donde otros solo ponen estadísticas».
Y desde ahí ha dejado una pregunta para quienes estaban dentro de la iglesia, pero también para quienes tenemos responsabilidades en la Iglesia, en las instituciones y en la vida de nuestra ciudad:
«¿Quién está quedando fuera de nuestra mirada?»
Las soledades de Madrid
La imagen que encontró Isabel Tintero era una Virgen de la Soledad. Y Cobo se ha detenido precisamente ahí.
«Madrid es también una ciudad de soledades», ha dicho.
La de muchas personas mayores, la de jóvenes que viven permanentemente conectados pero no encuentran con quién compartir lo que llevan dentro, la de quienes han migrado dejando atrás su casa y sus afectos, la de quien afronta una enfermedad, no encuentra trabajo o vivienda, ha perdido a alguien o, sencillamente, no tiene cerca una persona que le pregunte: «¿Cómo estás?».
Frente a estas situaciones hacen falta respuestas, programas y políticas. Pero el Cardenal Cobo ha recordado que hay algo que no puede sustituirse con ningún recurso: los vínculos.
«Necesita vecinos y vecinas, necesita vínculos, necesita comunidades, necesita personas que llamen a una puerta».
Ponerse en camino
Y ahí aparece María.
El Evangelio de este 15 de agosto la presenta poniéndose en camino para visitar a Isabel. Podía haberse quedado en casa después de recibir una noticia que había cambiado por completo su vida. Sin embargo, sale y atraviesa las montañas para encontrarse con ella.
Cobo lo ha convertido en otra pregunta:
«¿Cuánto tiempo hace que no te pones en marcha por amor?»
También hoy, ha dicho, hay «barrios, familias y personas esperando la visita». Por eso ha propuesto algo muy sencillo para celebrar a la Virgen de la Paloma: pensar quién puede estar esperándonos, visitar a alguien que lo necesita o intentar mirar de otra manera a esa persona a la que nos cuesta comprender.
Dejar una luz encendida
Antes de terminar, Cobo ha vuelto a la casa de Isabel Tintero. Ella no guardó la imagen para sí. La dejó en la puerta y puso junto a ella una lámpara.
«La luz cristiana no es para decorar la realidad, sino para verla mejor. Y una vez que la vemos, no podemos pasar de largo».
El cardenal ha agradecido especialmente al Cuerpo de Bomberos su servicio y su vinculación histórica con la Virgen de la Paloma, recordando que muchas veces su trabajo consiste precisamente en ponerse en camino porque alguien los necesita.
Quizá ahí esté buena parte del mensaje que deja esta mañana de la Paloma. Isabel Tintero no hizo algo extraordinario. Vio algo junto a lo que otras personas habían pasado, lo recogió y encendió una luz.
Y aquella luz sigue encendida, más de dos siglos después, en el corazón de Madrid.