Visita al epicentro de la humanidad
10 de Julio de 2026Por María Ángeles López Romero
Muchísimas personas pudieron ver por televisión la visita del papa León XIV al centro CEDIA de atención a personas sin hogar de Cáritas Madrid la tarde del sábado 6 de junio. Pero aquel momento fue solo la diminuta punta del iceberg de solidaridad y esperanza que vivimos cuantos hemos colaborado en los preparativos de la visita.
Una elección: el Papa quiso empezar su visita por las periferias de Madrid, las que no suelen aparecer en los telediarios más que cuando se produce un crimen o una tragedia. esa fue su elección: empezar visitando a la Pastoral social de la diócesis y a los usuarios y usuarias de los proyectos de atención social de Cáritas, los más vulnerables de entre los vulnerables. Pero a partir de ahí, Cáritas tomó también sus decisiones siempre con el evangelio como referencia: quienes a menudo son los últimos, ocuparían las sillas frente al escenario ubicado en el patio de la parroquia, donde se producirían esa tarde los momentos más significativos del encuentro. serían ellos y ellas también quienes tomarían la palabra ante el Papa: Ronald, Niurka, Khadry contaron su experiencia de dolor, exclusión, acogida, acompañamiento y recuperación de oportunidades. y con ellos, Alicia y alba, voluntaria y trabajadora social respectivamente, pudieron hablar con León XIV y entregarle simbólicos regalos en nombre de los colectivos de personas sin hogar, personas migrantes, mujeres víctimas de trata o usuarios del programa de tratamiento de adicciones.
Autoridades y representantes de las instituciones sociales de la diócesis asistieron al evento desde el templo de la humilde iglesia colindante, siguiendo a través de una pantalla todo lo que iba ocurriendo en el centro y el patio, acompañados por voluntarios.
Voluntariado: Mario Alcudia y yo, que tuvimos el honor de conducir el evento desde ambos escenarios, fuimos voluntarios aquel día y los que le precedieron, como los cantantes que amenizaron aquella tarde con su música, y decenas de personas que aceptaron el papel que se les asignó en cada caso: fuese el de repartir botellas de agua, acompañar al baño o quedarse en el sótano atendiendo al equipo de Niña Pastori desde un camerino improvisado donde no hubo posibilidad de ver al Papa. no hubo quejas ni comparaciones. solo disposición a colaborar con alegría mezclada con nervios y emoción.
La tarde del viernes 5 de junio, citados para realizar un ensayo general mientras se ultimaban los escenarios, nos reunimos en el sótano de CEDIA y comenzamos con una oración que destilaba evangelio y, sin saberlo, coherencia con el propósito de la visita apostólica, tal y como el Papa expresaría en su primer discurso en España: «mañana recibiremos a nuestro ‘hermano mayor’ que viene a vernos, pero en el centro, no lo olvidemos, siempre ha estado y estará Jesucristo».
Diversidad: les hubiera gustado ponerse sus mejores galas aquel día, pero los voluntarios y voluntarias aceptaron vestir el ‘uniforme’ de las camisetas blancas con el lema «alzad la mirada». Uniformidad de quienes ayudan. y, sin embargo, aquellos días pudimos asistir a una fiesta de respeto a la diversidad de procedencias, idiomas, realidades humanas y experiencias de fragilidad.
¿Cómo olvidar a aquellos hombretones (a quienes los extremistas señalan como una amenaza) llorar como niños cuando Khadry entregó al Papa una réplica de su tarjeta de residencia?
Esperanza: todo pasó muy deprisa aquel 6 de junio de 2026 que quedará para siempre grabado en la memoria colectiva de la Pastoral social de Madrid. el árbol de la esperanza decorado con mensajes de apoyo, deseos y peticiones, lemas motivadores y mucho agradecimiento, servirá de recordatorio vivo. Pero la esperanza no puede encapsularse en ese árbol porque se labra en CEDIA en pequeñas dosis cada día, desde hace casi cincuenta años, a base de escucha, acogida, comprensión, respeto y apoyo. allí, y en tantos otros proyectos de atención social donde se llama a las personas por su nombre sea cual sea su situación, donde el evangelio se hace carne y Jesús se pasea con distintos rostros abrazando la fragilidad, se cocinan a diario pequeños milagros de solidaridad y empatía. el Papa ha sabido reconocerlos y bendecirlos con su visita al epicentro de la humanidad.