Aprender a mirar el trigo
Pilar Algarate Pilar 18 de Julio de 2026Lecturas del XVI Domingo del Tiempo Ordinario: Primera lectura: Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-17. Segunda lectura: carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27. Santo evangelio según san Mateo 13, 24-43.
En el Evangelio de este domingo, los trabajadores quieren arrancar la cizaña en cuanto aparece. Pero el dueño del campo les pide esperar:
«No sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo».
Vivimos con prisa. Queremos resolver, clasificar y separar rápidamente lo bueno de lo malo. También nos ocurre con las personas: a veces las juzgamos por un error, una decisión o un momento concreto de su vida.
Pero Dios tiene otra mirada. Sabe esperar. Respeta los procesos y descubre lo que está creciendo, incluso cuando nosotros todavía no somos capaces de verlo.
Quizá miramos tanto la cizaña que dejamos de reconocer el trigo: un pequeño avance, una conversación que antes no era posible, alguien que vuelve a intentarlo, una persona que empieza a confiar.
También nosotros somos ese campo. En nuestro interior conviven luces y sombras, generosidad y egoísmo, confianza y miedo. Por eso necesitamos paciencia, oportunidades y personas que no nos reduzcan a nuestros errores.
Jesús habla también de una semilla de mostaza y de un poco de levadura. El Reino de Dios suele crecer así: en lo pequeño, en silencio, en gestos que apenas se ven.
En quien escucha sin juzgar. En quien acompaña sin imponer. En una puerta abierta, una mano tendida o una presencia que permanece.
Y cuando no sabemos qué hacer, san Pablo nos recuerda que «el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad».
No siempre tendremos respuestas. Pero podemos seguir sembrando, acompañando y confiando en que Dios continúa haciendo crecer el trigo.
Lectura del santo evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y luego almacenen el trigo en mi granero' ".
Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".
Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".
Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga''.
Preguntas para la reflexión:
— ¿Qué cizaña ocupa tanto mi mirada que me impide descubrir el trigo que también está creciendo?
— ¿Estoy juzgando demasiado pronto a alguna persona?
— ¿Qué pequeña semilla puedo sembrar hoy?
Oración
Señor,
enséñame a mirar como Tú miras.
Dame paciencia para respetar los procesos,
humildad para reconocer mis propias fragilidades
y esperanza para descubrir el trigo
que sigue creciendo en medio de la cizaña.
Ayúdame a confiar en la fuerza de lo pequeño:
una palabra, una mano tendida,
una puerta abierta, una presencia cercana.
Cuando no sepa qué hacer,
recuérdame que tu Espíritu
viene en ayuda de mi debilidad.
Hazme sembrar buenas semillas
y permanecer, aunque no siempre vea la cosecha.
Amén.