Ser sal y luz desde la dignidad recuperada
Pilar Algarate Pilar 8 de Febrero de 2026En este V Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos sitúa ante una pregunta concreta y exigente: ¿cómo se hace visible nuestra fe en medio de un mundo herido? Jesús no habla de ideas abstractas, sino de una forma de vivir: ser sal y ser luz allí donde la vida pierde sabor y se apaga la esperanza.
El profeta Isaías lo expresa con claridad: la luz brota cuando se parte el pan con quien tiene hambre, cuando se acoge a las personas sin techo, cuando no se pasa de largo ante el sufrimiento. La fe que agrada a Dios no se reduce a palabras, sino que se convierte en justicia, cercanía y cuidado. Entonces —dice el profeta— Dios responde: «Aquí estoy».
Jesús retoma esta llamada y la hace personal: “Vosotras y vosotros sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo”. No como un privilegio, sino como una responsabilidad. La fe no puede esconderse ni volverse inofensiva. Está llamada a iluminar la vida cotidiana, a dar sabor a la convivencia, a transformar desde dentro. Pero advierte: si la sal se vuelve sosa, pierde su razón de ser.
En este día en que recordamos a santa Josefina Bakhita, su vida se convierte en una luz concreta del Evangelio. Mujer africana, esclavizada desde niña, marcada por la violencia y el desarraigo, Bakhita conoció el dolor más extremo. Y, sin embargo, al encontrarse con Cristo, su historia no quedó definida por la herida, sino por la dignidad recuperada. Su vida sencilla, humilde y agradecida fue sal que sanó y luz que no se apagó, incluso después de tanto sufrimiento.
San Pablo nos recuerda que esta misión no se sostiene en la fuerza personal ni en la brillantez de los discursos, sino en la debilidad confiada al Espíritu. La luz cristiana nace de la humildad y del servicio, no del protagonismo.
En este domingo, además, la Campaña de Manos Unidas contra el Hambre nos ayuda a poner rostro a las tinieblas de nuestro tiempo: el hambre, la pobreza estructural, la desigualdad que priva de futuro a millones de personas. Ser sal y luz hoy implica comprometernos con un estilo de vida solidario y con acciones concretas que defiendan la dignidad de quienes viven en la exclusión.
La Palabra nos recuerda que la luz no es para deslumbrar, sino para alumbrar. Cuando nuestras obras nacen del amor y de la justicia, no hablan de nosotras y nosotros, sino de Dios. Que este domingo nos ayude a renovar el compromiso de vivir una fe que se hace gesto, que cuida la vida y que mantiene encendida la esperanza.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5, 13-16)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todas las personas de la casa. Brille así vuestra luz ante las personas, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.
Preguntas para la reflexión
“Vosotros sois la luz del mundo”
¿Cómo dejo que mi fe se traduzca en gestos visibles de cercanía, acogida y misericordia, especialmente hacia quienes sufren hambre, exclusión o soledad?
La luz que no se esconde
¿Qué bienes, capacidades o oportunidades tengo que hoy estoy llamada o llamado a poner al servicio de otras personas, sin guardarlos solo para mí?
Mirando a Santa Josefina Bakhita
Su vida fue marcada por la esclavitud y el dolor, pero también por la esperanza y la libertad interior.
¿Qué heridas personales o sociales estoy llamada o llamado a iluminar con gestos de reconciliación, justicia y cuidado?
Fe que se hace obras
¿Qué gesto concreto puedo realizar esta semana para ser sal y luz en mi entorno, especialmente en sintonía con la campaña de Manos Unidas contra el hambre?