«Que alguien se acerque y te mire a los ojos también alimenta»: la voz de una persona sin hogar en Nochebuena

Pilar Algarate Pilar 24 de Diciembre de 2025

Madrid brilla en Navidad. Las luces, las prisas, las conversaciones que se cruzan. Todo parece avanzar deprisa. Pero basta con bajar la mirada para descubrir otra ciudad: la de las personas que duermen en el suelo, la de quienes sostienen su vida en una mochila, la de historias que casi nunca entran en los villancicos. Cuando una se detiene, se agacha, saluda y escucha, comprende que nadie está tan lejos. A veces basta una pérdida, una huida buscando un futuro mejor, una infancia demasiado pesada o una familia rota para entrar en un túnel donde la salida parece no existir. La Navidad debería servir justo para eso: para mirar de frente esas realidades y atrevernos a buscar respuestas juntas y juntos.

La tarde de Nochebuena, más de 500 personas voluntarias hicieron ese gesto sencillo y valiente: pararse, escuchar y acompañar. Lo hicieron en una noche especialmente dura para quienes viven solas y solos, para quienes atraviesan dificultades, para quienes no tienen hogar. Llevaron una cena caliente, sí, pero también presencia y reconocimiento. Antes de salir, en la catedral de la Almudena, las personas voluntarias se prepararon para el encuentro. José Luis Segovia, vicario pastoral, les recordó que no iban «a pobres, sino a personas, con nombre y con historia», y que la pobreza no es una condición natural, sino el resultado de procesos de exclusión que rompen vínculos y oportunidades. Por eso —subrayó— la cercanía, el cariño y la dignidad deben caminar siempre de la mano de la justicia.

En ese mismo envío, el obispo auxiliar Vicente Martín animó a las personas voluntarias a salir como portadoras de esperanza: «Estamos aquí para llevar sanación al corazón y esperanza a nuestra ciudad, especialmente a tantas personas que se sienten perdidas o descartadas, sea cual sea la causa». Recordó que no se trata solo de un gesto puntual, sino de dejar que el encuentro transforme también a quien acompaña: «Que a través de nosotros pase la luz que hemos recibido». Porque —añadió— aunque Madrid se ilumine de muchas maneras en Navidad, «esta noche brilla de otra forma, con la Luz que nace de cada gesto de cercanía».

Quizá, entre las personas sin hogar y las personas voluntarias, más de mil corazones vieron nacer esa luz que nos toca por dentro. Una luz que no deslumbra, pero permanece. Este año, además, el proyecto Nadie sin Cenar presentó una canción que resume lo que se vive en esta jornada: la calle como lugar de encuentro, la cena compartida y la dignidad reconocida.

Antes de comenzar el reparto, el proyecto Nadie sin Cenar quiso también detenerse para agradecer. En un gesto sencillo, se entregaron reconocimientos a personas y entidades con un compromiso especialmente constante a lo largo de los años, poniendo en valor la fidelidad, el trabajo silencioso y la corresponsabilidad que sostienen esta iniciativa más allá de una sola noche.

Y detrás de cada cena entregada, el trabajo silencioso de más de 200 personas que prepararon las cajas, el impulso constante del proyecto Nadie sin Cenar y el compromiso de Cáritas Universitaria y Pastoral Universitaria. Gestos pequeños, ciudad distinta. Por unas horas, Madrid fue un poco más hogar.

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