La Sagrada Familia, peregrina de esperanza

Pilar Algarate Pilar 28 de Diciembre de 2025

En el Día de la Sagrada Familia, la Palabra de Dios nos presenta una escena marcada por la fragilidad y la huida. José, María y el Niño Jesús no viven una Navidad idealizada, sino una historia atravesada por el miedo, la inseguridad y el exilio. La familia de Nazaret se convierte en familia migrante, obligada a salir de su tierra para proteger la vida.

El Evangelio nos recuerda que Dios no nace al margen de la historia, sino dentro de una realidad herida, donde amar implica cuidar, proteger y ponerse en camino. La Sagrada Familia nos enseña que la esperanza no consiste en evitar las dificultades, sino en atravesarlas confiando en que Dios camina con nosotras y nosotros.

En este contexto celebramos también la clausura del Jubileo de la Esperanza en nuestra diócesis de Madrid. Como ha señalado el obispo auxiliar, mons. Vicente Martín, este Año Jubilar ha sido un verdadero kairós, un tiempo favorable para dejarnos renovar, sanar heridas y reavivar la esperanza cristiana. Un tiempo para recordar que “en la esperanza fuimos salvados” (Rm 8,24) y que la fe se hace verdadera cuando se traduce en gestos concretos de amor, perdón y servicio.

Durante este año, miles de personas han peregrinado, orado, celebrado y compartido camino. Pero, como se nos ha recordado, el Jubileo no termina hoy: ahora comienza el desafío de mantener encendida la llama de la esperanza en la vida cotidiana, en nuestras familias, comunidades y compromisos sociales.

La Sagrada Familia nos señala el camino: cuidar la vida frágil, acoger al que huye, caminar juntas y juntos, y confiar en que Dios sigue actuando incluso en medio de la incertidumbre. Que esta clausura no sea un punto final, sino un envío. Que la esperanza vivida se haga esperanza compartida. Porque, como nos recuerda san Pablo, “la esperanza no defrauda” (Rm 5,5).

Lectura del Evangelio 

Mateo 2, 13-15. 19-23

Después de que los Magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño".

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno.

Preguntas para la reflexión:

  1. ¿Qué nos dice hoy la Sagrada Familia sobre la fragilidad y el cuidado de la vida?
  2. ¿Dónde estoy llamada o llamado a “ponerme en camino” para proteger y acompañar?
  3. ¿Qué frutos del Jubileo de la Esperanza reconozco en mi vida o en mi comunidad?
  4. ¿Cómo podemos mantener viva la esperanza en nuestras familias y entornos cotidianos?

Oración

Dios de la vida, que confiaste tu Hijo a una familia sencilla, enséñanos a cuidar lo frágil y a proteger la vida.

Que, como José y María, sepamos ponernos en camino cuando sea necesario, sin perder la confianza en tu presencia.

Gracias por este Año Jubilar de la Esperanza, por la fe compartida, la comunión vivida y los gestos de misericordia sembrados.

Ayúdanos a mantener encendida la llama de la esperanza en nuestras familias, en nuestra Iglesia y junto a quienes más lo necesitan.

Que caminemos unidas y unidos, siendo testigos de tu amor en el mundo.

Amén.

Diorama de Gonzalo Mateu.

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