La luz: aprender a mirar

Pilar Algarate Pilar 15 de Marzo de 2026

Lecturas: 1 Sam 16,1b.6-7.10-13a · Sal 22 · Ef 5,8-14 · Jn 9,1-41

En este IV Domingo, el Evangelio nos presenta el largo proceso del ciego de nacimiento. No es solo un milagro físico. Es un camino interior. Un itinerario hacia la luz.

Jesús no se limita a devolver la vista; abre una posibilidad nueva de mirar la realidad. Mientras unos se encierran en prejuicios y normas rígidas, el hombre curado va creciendo en libertad y claridad.

La ceguera no siempre es falta de visión física. También existen cegueras del corazón: la indiferencia ante la pobreza, la normalización de la exclusión, la mirada que reduce a las personas a etiquetas o expedientes.

La Cuaresma nos invita a dejarnos iluminar. A reconocer nuestras sombras. A permitir que el Señor nos quite las vendas que nos impiden ver con profundidad.

Aprender a mirar como Jesús significa reconocer en cada persona una dignidad que nunca desaparece. Significa mirar la realidad no desde el juicio, sino desde la compasión. Significa dejar que la luz transforme nuestras actitudes y nuestras decisiones.

En este domingo llamado Laetare, la Iglesia nos recuerda que la conversión no es tristeza, sino alegría. La alegría de quien comienza a ver con claridad y descubre que la luz siempre es más fuerte que la oscuridad.

Lectura del Evangelio: Jn 9,1-41

Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé». Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta». Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él». Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.

Preguntas para la reflexión:

  • ¿Qué realidades me cuesta mirar de frente?
  • ¿Qué prejuicios condicionan mi forma de ver a los demás?
  • ¿A quiénes estamos dejando invisibles en nuestra sociedad?
  • ¿Cómo puedo ser testigo de la luz en mi entorno?

Oración:

Señor, luz verdadera, abre nuestros ojos y nuestro corazón. Quita la venda de la indiferencia, rompe los prejuicios que nos ciegan, y enséñanos a mirar con tu compasión. Que tu luz transforme nuestra forma de vivir y haga de nosotros personas más justas y más fraternas. Amén.

Gesto para la semana:

Iluminar un espacio del oratorio o de tu casa con una vela o una luz visible. Durante la semana, prestar atención a una realidad que habitualmente pasa desapercibida y dar un paso concreto para no dejarla en la sombra.

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