“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Mt 4, 16)
Pilar Algarate Pilar 25 de Enero de 2026En este III Domingo del Tiempo Ordinario, celebramos también la Fiesta de la Conversión del Apóstol San Pablo, y la Palabra de Dios nos regala una clave preciosa: Dios puede cambiar una vida entera con su luz.
El Evangelio nos muestra a Jesús comenzando su misión en Galilea, en un lugar marcado por la mezcla de pueblos y caminos. Allí resuena la promesa: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”. No es una luz para unos pocos, sino para todas las personas, especialmente para quienes viven momentos de confusión, cansancio o incertidumbre.
Jesús anuncia: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”. Convertirse no es solo “portarse mejor”: es dejar que Dios nos cambie el rumbo, volver al corazón, volver a la verdad, volver a la vida.
Y después llama a sus primeros discípulos. No elige a quienes parecen más preparados, sino a personas sencillas, y les dice: “Venid en pos de mí”. Ellos dejan las redes y lo siguen. También San Pablo, en su conversión, descubrió que la luz de Cristo no humilla: transforma, levanta, envía.
Este domingo nos recuerda que la conversión es posible, que el Reino está cerca, y que la luz de Dios sigue brillando… incluso cuando no lo esperamos.
Lectura del Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos». Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
PALABRA DEL SEÑOR
Preguntas para la reflexión
- ¿Qué “tinieblas” siento hoy más cerca: cansancio, miedo, ruido interior, desesperanza…?
- ¿Dónde he visto últimamente una “gran luz” en mi vida o en mi comunidad?
- ¿Qué me está pidiendo hoy Jesús que deje atrás para seguirle con más libertad?
- ¿A qué personas me invita a acercarme para ser luz concreta y cercana?
- ¿Cómo puedo hacer visible el Reino en un gesto sencillo esta semana?
Oración
Señor Jesús, Luz verdadera que no se apaga, entra en mis sombras y en mis miedos, y enséñame a caminar contigo.
Tú no te alejas de la realidad, te quedas en nuestras orillas, en lo cotidiano, en lo frágil, en la vida tal como es.
Hoy vuelves a llamarme, y yo quiero responderte: hazme discípula, discípulo, hazme compañera, compañero de tu Reino.
Que tu luz me convierta, me devuelva la esperanza y me haga sembrar paz, justicia y cuidado allí donde vivo. Amén.