“He ahí el Cordero de Dios” (Jn 1,29)

Pilar Algarate Pilar 18 de Enero de 2026

En este II Domingo del Tiempo Ordinario, Juan Bautista no puede contenerse: ve pasar a Jesús y lo señala con una frase que atraviesa los siglos y llega hasta nuestra vida: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29).

Juan no está repitiendo una idea bonita. Está dando testimonio de algo sorprendente: que Dios no se queda lejos, sino que se acerca, se pone a nuestro lado y entra en nuestra historia con una misericordia concreta. Como recordaba el papa Francisco, aquí sucede un giro decisivo: mientras muchas veces pensamos que somos nosotras y nosotros quienes tenemos que ofrecer algo a Dios, es Dios quien se ofrece a sí mismo, entregando a su Hijo por la salvación del mundo.

Y Juan insiste: “Yo lo he visto y doy testimonio” (Jn 1,34). No habla de oídas. Habla desde el asombro. Porque Jesús no viene a condenar, sino a cargar con el mal, a sostener lo frágil, a abrir futuro. Jesús se solidariza con quienes viven heridos, con quienes se sienten lejos, con quienes no pueden más.

Este Evangelio nos invita a empezar de nuevo, una y otra vez, desde Jesús. A no dar por hecho que ya lo conocemos. A detenernos, mirar su rostro, escuchar su Palabra, y dejar que el Espíritu nos lo vuelva a señalar por dentro: “Es Él”. Y desde ahí, volver a caminar… con más fe, más humildad y más esperanza.

Lectura del Evangelio 

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Preguntas para la reflexión

  • ¿Qué “pecado del mundo” pesa hoy más en mi vida o en mi entorno (miedo, indiferencia, injusticia, soledad…)?
  • ¿Me dejo sorprender por un Dios que se acerca y se pone de mi lado?
  • ¿En qué momento necesito “empezar de nuevo” desde Jesús?
  • ¿A quién puedo señalar hoy con mi vida, no con palabras, sino con gestos de misericordia?

Oración

Señor Jesús, Cordero de Dios, que no te apartas de nuestra fragilidad y no te cansas de venir a nuestro encuentro, haznos capaces de reconocerte.

Enséñanos a no dar por supuesto tu Evangelio, a mirarte con el corazón despierto, y a dejarnos sorprender por tu misericordia.
Quita de nosotras y nosotros lo que nos encierra, lo que endurece, lo que enfría el amor. Y haznos testigos sencillos de tu luz, para que otras personas puedan descubrir que Tú sigues pasando… y sigues salvando. Amén.

#EvangeliodeHoy
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