El cardenal José Cobo: “Madrid quiere ser una Iglesia de paz”

Pilar Algarate Pilar 1 de Enero de 2026

En el inicio del nuevo año, coincidiendo con la solemnidad de Santa María Madre de Dios y la Jornada Mundial de la Paz, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, presidió la Eucaristía en la catedral de la Almudena e invitó a comenzar 2026 acogiendo la bendición de Dios y comprometiéndose con una paz verdadera y concreta.

Durante su homilía, el cardenal recordó que el Año Nuevo se abre con un gesto profundamente bíblico: Dios muestra su rostro y bendice a su pueblo, y solo quien sabe acoger esa bendición puede convertirse a su vez en bendición para los demás. Por eso, animó a los cristianos a vivir este comienzo de año con un tono distinto, marcado por la responsabilidad y la esperanza.

Al contemplar a María, Madre de Dios, destacó que ella nos enseña a cruzar el umbral del tiempo con confianza y a custodiar la vida desde el silencio, la escucha y la contemplación. “La paz.  subrayó, comienza siempre en el interior, cuando dejamos espacio para que Dios hable”.

El arzobispo insistió en que la paz cristiana no es solo ausencia de guerra, ni una paz frágil sostenida por el miedo, sino una paz profunda, fundada en la justicia, el amor, la verdad y la libertad. En un contexto mundial marcado por la polarización, el aumento de la violencia y el gasto militar, advirtió de que la violencia empieza muchas veces en la palabra que humilla, en el gesto que desprecia y en la indiferencia ante el dolor ajeno.

En este sentido, afirmó con claridad que “Madrid quiere ser una Iglesia de paz”, una Iglesia que sea hogar y taller de paz, donde se desarmen las palabras y los pensamientos, y donde se apueste por la fraternidad, el perdón y la reconciliación.

Finalmente, el Cardenal animó a vivir la paz con gestos concretos y cotidianos: escuchar antes de juzgar, cuidar el lenguaje, acoger al diferente, no demonizar a nadie y no permanecer indiferentes ante el sufrimiento evitable. “La paz no es ingenua, concluyó, es una tarea sagrada”.

Al concluir la celebración, el cardenal animó a vivir el nuevo año con una misión sencilla y profunda: recibir la bendición de Dios para convertirnos en bendición para otras personas. «Dios nos bendice para ser bendición, señaló. Cada una y cada uno de nosotros tenemos la tarea de transmitir esa bendición, especialmente a quienes más la necesitan, en nuestras familias, entre nuestras amistades y en el día a día».

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