El Bautismo del Señor: llamados a vivir como hijas e hijos amados
Pilar Algarate Pilar 11 de Enero de 2026Este domingo, la Iglesia celebra la Fiesta del Bautismo del Señor, con la que concluye el tiempo litúrgico de la Navidad. Una celebración que nos sitúa ante el inicio de la vida pública de Jesús y que recuerda el núcleo de nuestra fe: Dios se hace presente en la historia humana para anunciar una vida nueva marcada por la justicia, la paz y el cuidado de las personas más vulnerables.
El Evangelio (Mt 3, 13-17) presenta a Jesús entrando en las aguas del Jordán, solidario con la humanidad, asumiendo plenamente nuestra condición. En ese gesto sencillo y profundo, los cielos se abren y resuena la voz del Padre: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». No se trata solo de una revelación sobre Jesús, sino de una promesa dirigida a toda la humanidad: cada persona es mirada y amada por Dios.
Las lecturas de este domingo subrayan esta misión. El profeta Isaías describe al siervo elegido que no grita ni impone, que no quiebra la caña cascada ni apaga la mecha vacilante, sino que sostiene, acompaña y hace brotar la justicia con ternura (Is 42, 1-7). Y el libro de los Hechos recuerda que Dios no hace distinción entre personas y que Jesús pasó por el mundo “haciendo el bien” y liberando a quienes vivían oprimidos (Hch 10, 34-38).
El Bautismo del Señor es, así, una invitación a releer nuestra propia vida bautismal como compromiso concreto: vivir como hijas e hijos amados, llamados a cuidar, sanar y construir paz en medio de un mundo herido. Con esta fiesta se cierra la Navidad, pero se abre un tiempo nuevo para seguir haciendo visible, con gestos cotidianos, el amor de Dios que se inclina, se acerca y acompaña.
EVANGELIO DEL DIA
Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN
- ¿Qué significa para mí escuchar hoy: «Tú eres mi hija / hijo amado»?
- ¿De qué manera vivo mi bautismo en lo cotidiano: en mis decisiones, en mi forma de relacionarme, en mi compromiso con otras personas?
- ¿Dónde me invita hoy Dios a “sumergirme”, a salir de la comodidad para acercarme a la realidad de quienes más lo necesitan?
- ¿Qué gestos concretos puedo cuidar para vivir como persona enviada, ungida por el Espíritu, al servicio de la justicia y del bien común?
ORACIÓN
Señor Jesús,
al contemplarte en el Jordán
descubrimos un Dios que se acerca,
que no se separa de nuestra vida,
que se sumerge en nuestra historia.
Hoy queremos recordar nuestro bautismo
como don y como llamada:
don de ser hijas e hijos amados,
llamada a vivir desde el amor y la entrega.
Derrama sobre nosotras y nosotros tu Espíritu,
para caminar con humildad,
para servir sin miedo,
para anunciar con la vida
que tu Reino ya está cerca.
Haznos personas de paz,
testigos de esperanza
y sembradoras de justicia
en medio del mundo.
Amén.