Dios no nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes

Pilar Algarate Pilar 7 de Enero de 2026

En la solemnidad de la Epifanía del Señor, celebrada este 6 de enero en la Basílica de San Pedro, el papa León XIV presidió la Eucaristía y realizó el rito del cierre de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana, con el que quedó clausurado el Jubileo Ordinario de 2025, dedicado a la esperanza.

En su homilía, el Santo Padre recordó que el Niño adorado por los magos revela la gratuidad de Dios y su modo de hacerse presente en la historia: no desde el poder o el prestigio, sino desde la humildad. “Dios no nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes”, afirmó, subrayando que la Epifanía marca el inicio de algo nuevo que transforma el presente y el futuro.

El Papa destacó el contraste entre la alegría de quienes se ponen en camino, como los magos, y el miedo de Herodes, que intenta controlar y manipular la novedad de Dios. Frente a esa lógica, señaló que la alegría del Evangelio libera y abre caminos nuevos, invitando a proteger lo que nace y es frágil, como signo del Reino.

Al concluir el Jubileo, el Pontífice puso el acento en la intensa búsqueda espiritual de nuestro tiempo y en la responsabilidad de la Iglesia de acogerla. Invitó a reconocer en cada persona que cruza el umbral de una iglesia a una peregrina o peregrino de esperanza, y a hacer de las comunidades espacios vivos donde crezca una humanidad transformada por el amor de Dios hecho carne.

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