“QUIEN ESTÁ EN MADRID, ES DE MADRID”

19 de Junio de 2026

Comunicado de la Mesa por la Hospitalidad de la Archidiócesis de Madrid

 

La Mesa por la Hospitalidad de la Archidiócesis de Madrid, que reúne a entidades de Iglesia comprometidas con el acompañamiento de personas desplazadas forzosamente, queremos expresar nuestra profunda adhesión a las palabras pronunciadas recientemente por el papa León XIV durante su visita a Madrid y, de manera especial, a una afirmación que resume el espíritu de nuestra tarea cotidiana: «Quien está en Madrid, es de Madrid».

Apenas unos días después de escuchar este mensaje de acogida, dignidad y pertenencia, observamos con preocupación decisiones públicas que pueden dificultar la inclusión y el ejercicio de derechos de las personas más vulnerables, precisamente en un momento en el que estamos llamados a fortalecer la acogida y la convivencia. Por ello, nos sentimos en la responsabilidad, como ciudadanos y ciudadanas y como seguidores de Jesús de Nazaret, no solo de alzar la mirada, sino también la voz ante medidas que pueden afectar negativamente a las personas migrantes en situación de vulnerabilidad y a las personas sin hogar.

Las palabras del Papa expresan una forma de entender nuestra sociedad basada en la acogida, la dignidad de toda persona, la pertenencia, la ciudadanía y la construcción de una comunidad donde nadie quede excluido por su origen, sus circunstancias vitales o su situación administrativa. Son también una llamada a situar los derechos humanos y el bien común en el centro de las decisiones públicas.

La exigencia de empadronamiento para acceder al Abono de Transporte y la retirada de las pertenencias de las personas sin hogar sin previo aviso son dos medidas que avanzan en una dirección contraria a los principios de inclusión, hospitalidad y respeto a la dignidad humana que el Papa nos invita a promover. Ambas pueden tener como consecuencia un aumento de la vulnerabilidad de personas que ya encuentran dificultades para ejercer plenamente sus derechos y participar en la vida comunitaria.

El transporte público debe conectar, no excluir

Vincular el acceso a la Tarjeta de Transporte Público al empadronamiento supone una barrera que afecta especialmente a numerosas personas migrantes, así como a otras personas en situación de precariedad residencial.

El empadronamiento constituye la puerta de entrada al ejercicio de numerosos derechos fundamentales, pero desde nuestra experiencia diaria acompañando a miles de personas sabemos que no estar empadronado no significa no vivir, trabajar o contribuir a la vida en la región madrileña. Muchas personas residen de forma estable en nuestra comunidad y, sin embargo, encuentran dificultades para empadronarse.

Dificultades que tienen causas bien conocidas. Por un lado, la precariedad residencial: personas que viven en habitaciones alquiladas, en viviendas sobreocupadas, en alojamientos informales o incluso en situación de sinhogarismo. En ocasiones se ven expuestas a abusos en los que se exige un pago a cambio del empadronamiento o condiciones ilegítimas. Por otro lado, persisten importantes obstáculos administrativos. Numerosas entidades sociales venimos observando la insuficiencia de citas y las dificultades para realizar trámites relacionados con el padrón. El resultado es que muchas personas quedan atrapadas en una situación que no depende de su voluntad.

La movilidad no puede convertirse en un privilegio. Es una condición necesaria para acceder al empleo, acudir a servicios públicos, mantener vínculos familiares, participar en la vida comunitaria y desarrollar un proyecto de vida autónomo. Limitar este acceso supone debilitar la cohesión social y dificultar precisamente aquellos procesos de integración que necesitamos fortalecer.

Como afirmó el papa León XIV durante su visita a España, «la dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera». Las políticas públicas deben estar a la altura de este principio fundamental.

La dignidad de las personas sin hogar no se puede barrer

Las pertenencias de una persona que vive en la calle no son basura. Son, con frecuencia, todo lo que posee. En su mochila pueden encontrarse documentos de identidad, medicación, teléfonos móviles, recuerdos familiares, ropa de abrigo o los escasos recursos necesarios para afrontar cada día.

La retirada de estas pertenencias sin mecanismos previos de información, protección o recuperación tiene un impacto directo en la dignidad, la seguridad y los procesos de recuperación de las personas que viven sin hogar.

Perder esas pertenencias significa perder también parte de la propia historia, de la identidad y de las posibilidades de reconstrucción personal. Supone incrementar la vulnerabilidad de quienes ya se encuentran en una situación extrema.

La limpieza y el cuidado del espacio público son objetivos legítimos, pero nunca pueden realizarse a costa de la dignidad de las personas. Una sociedad democrática se mide también por la forma en que trata a quienes atraviesan las situaciones más extremas de vulnerabilidad.

Madrid está llamada a ser una casa común

Estamos a tiempo de revisar, dialogar y construir políticas que compatibilicen el necesario ejercicio de derechos y deberes con garantías básicas.

Necesitamos políticas que construyan comunidad. Desde la Mesa por la Hospitalidad hacemos un llamamiento a las administraciones públicas para que revisen estas medidas y promuevan políticas que eliminen barreras, faciliten el acceso a derechos en lugar de restringirlo y sitúen siempre en el centro la dignidad de las personas más vulnerables.

Pedimos especialmente que se refuerce el acceso efectivo al empadronamiento como herramienta de inclusión y garantía de derechos; que se favorezca el acceso al transporte público, especialmente para quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad; y que se habiliten espacios seguros donde las personas en situación de sinhogarismo puedan custodiar sus pertenencias.

Asimismo, proponemos abrir espacios de diálogo entre administraciones públicas, entidades sociales y personas afectadas para evaluar el impacto de estas medidas y buscar alternativas que garanticen los derechos de todas las personas.

Madrid ha demostrado históricamente ser una ciudad de acogida. Una ciudad que crece cuando incorpora, acompaña y protege a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Como recordó el papa León XIV, «quien está en Madrid, es de Madrid». Que esta afirmación no sea únicamente una frase inspiradora, sino un criterio que oriente nuestras políticas públicas y nuestra convivencia cotidiana.

Recogemos también sus palabras cuando nos recordó que «cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros».

Hoy, más que nunca, estamos llamados a responder a esa pregunta desde la acogida, la responsabilidad compartida y el compromiso con la dignidad de cada persona.

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