‘Te diré que ha valido la pena’, o el Vía Crucis de Claudia
Maria Angeles Altozano 27 de Marzo de 2026Hace casi dos años, Claudia hizo sus maletas. Cerró la puerta de la que había sido su casa con jardín durante quince años. Un golpe y ‘¡tras!’, familia, raíces, hogar quedaron a miles de kilómetros.
Pero su Vía Crucis no empieza ahí. Empieza cuando pasa de llegar con modestas esperanzas —como Jesús entrando triunfante en Jerusalén, a lomos de una borriquita— a recorrer un camino de obstáculos. Como si fuese a marchar ella también hacia el monte Calvario por donde, como el Nazareno, solo encuentra miradas de desprecio.
Le ocurrió cuando tras solicitar protección internacional se la denegaron. ¿Qué haremos ahora? Le ocurrió cuando vio que su titulación de enfermera no podía ser homologada. Pues nada, trabajaremos en la economía sumergida en servicio doméstico. Le ocurrió cuando una de sus tres hijas, con las que se vino ella sola, empieza a sufrir bullying en el colegio: su color de piel y su forma de hablar no encajaban en ese espacio. Y continúa cuando debe abandonar la casa de los amigos que la acogieron y, a duras penas, consigue alquilar, por un precio desorbitado, una habitación para cuatro personas; ella, por supuesto, duerme en el suelo, las niñas en la cama.
El calvario de Claudia: cargar su cruz y la de sus hijas. Llegamos a una tierra donde no podemos sentirnos parte. Trabas administrativas, imposibilidad de conseguir un contrato laboral, problemas para acceder a un lugar digno para vivir…
Pero como en todo Vía Crucis, también llega un momento en que alguien ayuda a levantarse. Afortunadamente —como si de un proceso de resurrección se tratara— apareció una vecina que le dijo que se acercara a la Cáritas de la parroquia, a lo mejor te pueden ayudar. Y del vía crucis de la exclusión, pasó a hacer el camino de la esperanza: formación en un módulo sociosanitario, un alojamiento temporal con dos habitaciones, un contrato en inserción…
Al final, Claudia te lo dirá, ha valido la pena.