Vía Crucis de exclusión y esperanza

26 de Marzo de 2026

Por Sergio Leopoldo

 

  1. Jesús es condenado a muerte

Hoy se siguen dictando sentencias silenciosas. Las que sufren quienes, como Jesús, nacen en entornos vulnerables y vulnerados, quienes arrastran estigmas, marcas, etiquetas y cicatrices que no eligieron; quienes, por su origen, su historia, su identidad, su fragilidad, por estructuras de pecado que perpetúan la injusticia y la desigualdad, viven en primera persona la “Cultura del descarte” y la “Globalización de la indiferencia” [EG 53 y 54]. En cada condena injusta, Jesús se hace presente: en quienes cargan culpas que no les pertenecen, en quienes nadie defiende, en quienes son descartados antes incluso de poder hablar.

  1. Jesús carga con la Cruz

Las cruces de hoy pesan: desigualdad creciente, migraciones forzadas, precariedad laboral, exclusión residencial, crisis ecológica, pérdida de sentido… Y, sin embargo, en medio de todo ello, Jesús sigue caminando hoy con cada persona que carga su cruz: sosteniendo, levantando, animando a quien lucha por la justicia y compartiendo el peso de quienes no pueden más. En nuestras heridas y en nuestras esperanzas, sigue siendo compañero de camino.

  1. Jesús cae por primera vez.

Caen quienes se quedan sin fuerzas, quienes no encuentran salida al dolor o al silencio, quienes se hunden en la soledad. El calvario de la exclusión hace caer. Y Jesús cae hoy con cada uno de ellos. Su caída es solidaridad radical: se hace tierra con quienes se desploman, recordándonos que jamás caemos solos.

  1. Jesús se encuentra con su Madre

En medio del dolor, aparecen rostros de ternura: madres que abrazan, voluntarios que acogen, profesionales que sostienen. María es imagen de quienes comprenden que la única manera de acompañar el sufrimiento es mirándolo de frente.

  1. Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz

Cada gesto de ayuda, cada mano tendida, cada compromiso discreto revive al Cireneo de hoy. Jesús nos invita a compartir la carga, a hacernos responsables unos de otros, a caminar desde la compasión y el servicio que libera.

 

  1. La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Verónica representa la dignidad recuperada: el gesto sencillo que devuelve un nombre limpia un rostro y recuerda que nadie debe quedar reducido a cifra o diagnóstico. Jesús se revela en cada acto que restaura humanidad.

  1. Jesús cae por segunda vez

Las caídas se repiten, la exclusión se cronifica: desempleo prolongado, transmisión intergeneracional de la pobreza, irregularidad administrativa, derechos humanos vulnerados… Jesús cae de nuevo, recordándonos que acompañar es permanecer, insistir, no abandonar.

  1. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Jesús se detiene para escuchar a quienes lloran. Hoy sigue acercándose a familias que ven a sus hijos crecer sin oportunidades, a quienes resisten la precariedad, a migrantes que dejaron todo buscando un sueño que se convirtió en pesadilla. Su gesto nos llama a detenernos también nosotros, a escuchar el llanto silenciado de tantas personas, y a ser comunidad que sostiene y abraza.

  1. Jesús cae por tercera vez

La caída más dura es la que parece definitiva: sin papeles, sin hogar, sin recursos, sin redes de apoyo, sin salud, sin ánimo… pero todavía con sueños. Jesús nos enseña que incluso ahí puede renacer la esperanza.

  1. Jesús es despojado de sus vestiduras

Hoy siguen siendo despojadas tantas personas: de su dignidad, de su voz, de su historia, convertidas en números, en expedientes, en “casos”. En cada desnudez forzada, Jesús vuelve a interpelarnos a proteger la dignidad que nadie debería perder.

  1. Jesús es clavado en la Cruz

La exclusión inmoviliza: vidas clavadas en la falta de oportunidades, familias atrapadas en la precariedad, jóvenes a quienes les cierran todas las puertas, migrantes sin derechos… En esos clavos que inmovilizan la vida, Jesús permanece junto a quienes sienten que no pueden avanzar.

  1. Jesús muere en la Cruz

La exclusión mata. Hay muertes que comienzan en vida, fruto de la desigualdad y el descarte. Jesús muere en cada persona que queda fuera del “nosotros”.

 

  1. Jesús es bajado de la cruz

Jesús es recibido por unas manos que no huyen del dolor. La Iglesia, a través de su Cáritas, quiere ser manos que “desenclavan”, abrazo para los “crucificados de nuestro tiempo”: cuerpos y vidas agotadas por la exclusión. Ofrecer descanso donde hubo desgaste, escucha donde hubo silencio, y cuidado donde nadie cuidó. Allí donde alguien es sostenido, Jesús vuelve a ser bajado de su cruz.

  1. Jesús es sepultado

El sepulcro parece final, pero es comienzo. Cada vida restaurada, cada persona que sale adelante, cada dignidad recuperada… anuncia una esperanza que no defrauda, la resurrección, la exclusión es reversible… Feliz Pascua

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