Tercer Domingo de Pascua: “Alzad la mirada, caminar con esperanza”

Pilar Algarate Pilar 18 de Abril de 2026

Lecturas del día: Libro de los Hechos de los Apóstoles (2,14.22-33).  Sal 15,1-2.5.7-8.9-10.11. Primera carta del apóstol san Pedro (1,17-21). Santo evangelio según san Lucas (24,13-35).

En este tercer domingo de Pascua, el Evangelio de los discípulos de Emaús nos sitúa en un camino muy humano: el de la desilusión, el cansancio y la pérdida de horizonte. Dos personas que habían puesto su esperanza en Jesús regresan a casa con el peso de lo que no ha salido como esperaban. Y, sin embargo, es precisamente ahí, en medio de la incertidumbre, donde el Resucitado se hace presente.

Jesús no irrumpe con fuerza, sino que se acerca con discreción. Camina al lado, escucha, acoge el dolor y abre un horizonte nuevo. Les ayuda a releer la historia, a comprender lo vivido y a descubrir que la vida no está cerrada. El corazón vuelve a arder, los ojos se abren y la esperanza renace.

Hoy, esta escena conecta profundamente con nuestro tiempo. También muchas personas viven caminos de invisibilidad, incertidumbre o exclusión. En este contexto, las entidades de Iglesia han subrayado que la regularización extraordinaria de personas migrantes no es solo una medida administrativa, sino una cuestión de responsabilidad política, ética y social.

Desde esta mirada, la regularización supone un paso decisivo: permite dejar atrás la invisibilidad y la precariedad para abrir camino a la dignidad, la protección y la participación plena en la sociedad. Significa poder acceder a derechos básicos como la sanidad, la educación o la vivienda, y construir un proyecto de vida con mayor estabilidad. Supone también una oportunidad para el conjunto de la sociedad, que se enriquece cuando todas las personas pueden aportar desde su dignidad y sus capacidades.

El gesto de Jesús en Emaús, acercarse, escuchar, compartir mesa, nos invita hoy a lo mismo: a reconocer, acompañar y dignificar. A no pasar de largo. A generar espacios donde nadie quede fuera.

En este camino pascual, resuena también con fuerza la invitación del viaje apostólico de León XIV a España: “Alzad la mirada” (Jn 4,35). Es una llamada a salir de la mirada baja, centrada en el miedo o la indiferencia, para abrirnos a Dios y a las demás personas. Levantar la mirada es recuperar la esperanza, descubrir la presencia de Dios en la historia y reconocer en cada persona una llamada al encuentro.

Como recordó el Papa, la Pascua nos pone en movimiento. Nos invita a ensanchar el corazón y a mirar más allá de nuestras propias preocupaciones. A construir comunidad, como ese círculo abierto de personas que se sostienen y caminan juntas, símbolo del logotipo de esta visita.

Hoy, como los discípulos de Emaús, también nosotras y nosotros estamos llamados a dejarnos encontrar, a reconocer a Jesús en el camino y a convertirnos en testigos de esperanza. Porque la Pascua no es solo un acontecimiento del pasado: es una invitación presente a transformar la mirada y a reconstruir la vida desde la dignidad, la justicia y la fraternidad.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 

Lucas 24, 13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?"

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?" Él les preguntó: "¿Qué cosa?" Ellos le respondieron: "Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron".

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!"

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón". Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Preguntas para la reflexión

  • ¿En qué momentos de tu vida has sentido que caminabas sin esperanza? ¿Quién ha sido para ti presencia que acompaña?
  • ¿Qué realidades de invisibilidad o exclusión descubres hoy a tu alrededor?
  • ¿Cómo puedes contribuir a que otras personas pasen de la precariedad a una vida digna y plena?
  • ¿Qué significa para ti hoy “alzar la mirada”? ¿Hacia dónde te invita a mirar?
  • ¿Reconoces a Jesús en lo cotidiano: en la Palabra, en la Eucaristía, en las personas que caminan contigo

Escucha, en un tiempo de silencio y oración, la canción "Aleluya", de Leonard Cohen, interpretada por Paola Miranda: https://youtu.be/WTGeDwSR6lA?si=4l2fuaFLy1tRnKb2

Oración: Levanta nuestra mirada, Señor

Señor,

también hoy caminamos,
como los discípulos de Emaús,
con preguntas, cansancio y búsquedas.

A veces sentimos que la esperanza se apaga,
que la realidad pesa más que los sueños,
que el camino se hace largo.

Pero Tú sales a nuestro encuentro,
te haces compañero de camino,
escuchas nuestras heridas
y pronuncias palabras que encienden el corazón.

Enséñanos a levantar la mirada,
a descubrirte en la historia,
en cada persona, especialmente
en quienes viven en la invisibilidad y la fragilidad.

Haznos comunidad que acoge,
mesa compartida,
hogar donde todas las personas tengan lugar.

Que sepamos reconocer tu presencia
al partir el pan
y que, como los discípulos,
volvamos a la vida con esperanza renovada.

Amén.

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