Sexto Domingo de Pascua: una fe que se hace anuncio y presencia
Pilar Algarate Pilar 9 de Mayo de 2026Celebrar el domingo es siempre volver a poner la mirada en Jesús, en su vida y en su misión. No como quien recuerda algo del pasado, sino como quien se deja alcanzar por una presencia viva. Cristo ha resucitado y vive, y esa vida nueva no puede quedarse encerrada en lo íntimo: pide salir, compartirse, hacerse testimonio en medio del mundo.
El Evangelio de hoy (cf. Juan 14, 15-21) nos sitúa en el corazón de esta experiencia: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos». Amar no es solo una declaración, es una forma de vivir. Es dejar que la relación con Jesús transforme nuestras decisiones, nuestros vínculos, nuestra manera de mirar a las personas, especialmente a quienes más sufren.
Y, junto a esta llamada, aparece una promesa: no estamos solas ni solos. El Espíritu viene, permanece, acompaña. Es quien sostiene la esperanza cuando se debilita, quien abre horizontes cuando parece que todo se cierra, quien nos recuerda que la fe no es resistencia individual, sino camino compartido.
Evangelizar nace precisamente de ahí. No es una tarea añadida ni reservada a unas pocas personas: es la consecuencia natural de habernos encontrado con el Señor de la vida. Quien ha experimentado la Pascua no puede guardársela. La anuncia con palabras, sí, pero sobre todo con gestos, con cercanía, con compromiso concreto.
En estos días, con la confirmación del calendario de la visita del Papa León XIV a Madrid ha sido también un signo elocuente de esta llamada. Su presencia, especialmente al acercarse a realidades de vulnerabilidad, nos recuerda que la fe se verifica en la cercanía, en la dignidad reconocida, en la capacidad de poner en el centro a las personas. No se trata de grandes discursos, sino de gestos que hablan de un Dios que no abandona.
Quizá hoy, en medio de nuestras rutinas o de un cierto “cansancio creyente”, se nos invita a volver a lo esencial: amar y dejarnos guiar por el Espíritu. Volver a creer que es posible vivir de otra manera. Volver a anunciar, con la vida, que la esperanza no está agotada.
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.
No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.
El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.
Preguntas para la reflexión
- ¿Dónde experimento hoy que mi fe se vuelve rutina o cansancio? ¿Qué me ayudaría a reavivarla?
- ¿Cómo se concreta en mi vida ese “amar” del que habla Jesús? ¿En qué gestos cotidianos se hace visible?
- ¿Qué signos de esperanza estamos ofreciendo como comunidad a las personas que acompañamos?
- ¿Qué me sugiere la visita del Papa a realidades de vulnerabilidad? ¿Qué me invita a revisar o a impulsar?
Oración: envíanos tu Espíritu para anunciar con la vida
Señor de la vida,
en este tiempo pascual
nos recuerdas que sigues vivo,
presente en medio de nosotras y nosotros.
No permitas que guardemos tu mensaje,
que lo dejemos encerrado en lo íntimo,
que se apague en la rutina.
Danos tu Espíritu,
ese aliento que sostiene,
que impulsa,
que abre caminos nuevos.
Haznos comunidad que anuncia,
manos que cuidan,
palabras que consuelan,
vidas que se entregan.
Que sepamos reconocerte
en cada persona,
especialmente en quienes más lo necesitan.
Que nuestra fe no se quede en palabras,
sino que se haga gesto,
presencia,
compromiso.
Y que, como Iglesia en camino,
sepamos ser signo humilde
de tu amor en el mundo.
Amén.