«Casa Cuidado» Acompañar en la incertidumbre
25 de Marzo de 2026Por María José Álvarez López
CUANDO UN FAMILIAR tiene que ingresar en el hospital para un tratamiento o una operación, el miedo y la incertidumbre se apoderan de sus más allegados. Si, además, el ingreso hospitalario es en una ciudad donde no tienen red de apoyo ni recursos para quedarse a acompañar a su familiar enfermo, todo se viene abajo.
Para ayudarlos y acompañarlos en esa incertidumbre, Cáritas Madrid abrió la «Casa Cuidado», un proyecto que cuenta ya con dos casas de acogida para familias desplazadas por motivos sanitarios; la primera con más de cuatro años cerca del Hospital Gregorio Marañón y la segunda, de menos de un año, próxima al Hospital Clínico.
Hace unos días fuimos a conocer la primera de las dos «Casa Cuidado», situada en una zona tranquila. Dispone de cuatro habitaciones ocupadas por familiares de personas enfermas ingresadas allí y derivadas por los servicios sociales del hospital a este acogedor recurso de Cáritas Madrid. Me acompañan Pilar Algarate, la secretaria general, y M.ª Ángeles Altozano del equipo de Comunicación, que no quieren perderse la oportunidad de conocer la «Casa Cuidado» y el trabajo que en ella realiza un equipo de personas voluntarias coordinado por Ana Negro. Allí nos esperan Mar Crespo, responsable del Área de mayores y cuidado de la vida, y María Gañán, técnica de apoyo al proyecto. Junto a ellas, Ana, la coordinadora responsable del voluntariado de la «Casa Cuidado» desde su creación y voluntaria en Cáritas Madrid desde hace diecisiete años. Hay algo en la mirada de Ana, algo en su sonrisa luminosa y hablar pausado que transmiten una calidez especial, un orgullo indisimulado mientras nos enseña las estancias de la casa que hoy está al completo.
La «Casa Cuidado» es un recurso muy demandado; en este momento aloja a familiares de cuatro enfermos, personas que pasan la mayoría del tiempo en el Gregorio Marañón atendiendo a su familiar y solo van a la ‘Casa’ a descansar, asearse, preparar un poco de comida y, a veces, hablar con el voluntariado. Es la Unidad de trabajo social del propio Gregorio Marañón quien los pone en contacto con Cáritas diocesana de Madrid, que, a su vez, activa rápidamente la entrada de los familiares en la «Casa Cuidado». Se trata de personas sin medios ni recursos para vivir en Madrid mientras dura el ingreso de sus familiares, que en ocasiones puede durar varios meses.
«Decimos que este proyecto es acompañar en la in certidumbre porque la gente que viene aquí está en una situación en la que no sabe qué va a pasar», explica Mar Crespo. «La salud no puede hacer más vulnerable a la familia. dar alojamiento y estabilidad ayuda a que esa familia esté mejor, más fuerte para apoyar el proceso de recuperación, porque la gente viene muy desconsolada y necesita ser escuchada, hablar y saber que alguien está pendiente de ellos», continúa Mar.
Ana reconoce que la labor de acompañamiento y no la meramente asistencial fue lo que la acercó a Cáritas. Nos cuenta, riéndose, que vino provisionalmente por que «pedían voluntarios y como nadie se ofrecía me ofrecí yo con la idea de que alguien me siguiera, sobre todo por la vulnerabilidad que generan las enfermedades». El objetivo principal del proyecto no es sólo el alojamiento, sino también el acompañamiento que el equipo hace a los familiares de los pacientes hospitaliza dos. El salón comedor es la estancia principal donde los familiares de los enfermos coinciden más y se dan apoyo mutuo acompañados por Ana. «Las familias llegan el primer día, les enseñas la habitación, les explicas cómo funciona todo y caminas con ellos en paralelo; ellos se cruzan contigo cuando quieren cruzarse. Les vas preguntando como están y cómo va todo y a veces te dicen que podemos quedar a tomar un café, pero sólo cuando ellos quieren». Ana nos cuenta que, cuando se sienta con ellos, hablan de la enfermedad, pero sobre todo hablan de su vida, le cuentan las dificultades, pero no las económicas, fundamentalmente las personales. Ana considera que recursos como la «Casa Cuidado» son imprescindibles «porque la enfermedad es una vulnerabilidad que no es la económica, va más allá, tienes que trabajar con ellos acompañándolos en el ahora, no puedes hablar de qué va a pasar porque no lo sabemos, es una incertidumbre. Es un acompañamiento muy difícil; lo que te sale es decirles que todo va a ir bien, pero no lo sabes y no puedes decirlo».
No se puede hablar de estancia media; hay personas que pasan aquí un par de días, y otras varias semanas. Ahora mismo hay dos familiares que llevan cuatro meses. El año pasado se han alojado en esta «Casa Cuida do» veintiséis familias, lo que supone que muchos familiares de enfermos han convivido en la ‘Casa’, cocinando juntos y compartiendo comidas. Es una casa familiar con normas básicas de convivencia, en la que al llegar se firma un compromiso básico por el tiempo que han estimado en el Gregorio Marañón, pero que se va renovando si ese tiempo se prolonga. En la «Casa Cuidado» no se dan prestaciones económicas ni de otro tipo, exclusivamente techo y acompañamiento, y el hospital garantiza que las familias tienen un domicilio al que volver. El acompañamiento en la «Casa Cuidado» es un camino paralelo porque, como dice Ana, «hay que respetar los tiempos de los familiares de los enfermos, su dolor y cómo lo manifiestan, porque ellos no vienen a ser acompañados, vienen a acompañar a su familiar hospitalizado y lo que buscan es cobijo, un sitio para descansar y asearse».
Puede ser esta la razón por la que conseguir voluntarios para este proyecto no es fácil; la vulnerabilidad no se ve, no es palpable y el trabajo no tiene horario. Además, cuando el proceso concluye con la muerte del paciente, no es fácil. Hay personas que no han podido soportar ver el sufrimiento y la desesperación de su familiar agonizando, nos cuenta Ana recordando las veinticuatro horas que pasó recientemente acompañando el tránsito final de un enfermo.
Es conmovedor oírla hablar con la dulzura y el sosiego que reflejan su cara y su mirada, sin Ana, nada en la «Casa Cuidado» sería igual.
Acompañar a los que acompañan. Qué peculiar y hermosa forma de generosidad.