Levantar la voz, para pedir justicia. Susurrar, para ofrecer consuelo
Maria Angeles Altozano 6 de Febrero de 2026Oía esta semana una noticia que me parecía anacrónica, sacada de una novela de Dickens, de Capote… de un tiempo lejano: “Desmantelan, en plena noche de lluvia, en Madrid, una red de trata de mujeres a las que explotaban sexualmente; de momento, han sido detenidos un hombre y una mujer como los autores intelectuales de la trama…”.
¿Cómo? ¿Estos acontecimientos, que generan estas noticias, existen hoy en día? Sí, y en el portal de la casa de al lado. En un céntrico barrio de Madrid, una ciudad moderna, abierta, solidaria, respetuosa. Pero, por desgracia, siempre hay quienes se saltan las normas de la natural esencia humana, las de la empatía y la generosidad hacia quienes nos une el sentimiento de pertenencia y comunidad. Amor al prójimo, que diríamos.
Y he recordado un evento que también se celebra estos días, y del que en su momento pensé que, en un tiempo cercano, debería desaparecer, porque lo lógico es que ya no haga falta. Que con educación, sororidad, sentido común y amor, acabe la mordedura de perro y con ella, la rabia. Se trata de la Jornada de Oración por la Trata de Personas. Los acontecimientos, de nuevo, me quitan la razón, aunque la verdad me espante y me duela. Sí hace falta levantar la voz, sí hace falta la oración, sí hacen falta los gestos de amor que nos reconcilien con los seres humanos. Sí es necesario, porque este mundo necesita ‘arreglos’. Es urgente alzar la voz para pedir justicia, y bajarla para ofrecer consuelo. Esta Jornada coincide, precisamente este 8 de febrero, con la festividad de santa Josefina Bakhita, una mujer con fe en Dios y en el ser humano, que supo transformar su sufrimiento y esclavitud en libertad y esperanza.
Libertad, es lo que deseo que encuentren las mujeres víctimas de la red de trata. Esperanza, para que sus heridas no condicionen ni su presente ni su futuro. Libertad para quienes viven presos de afanes crueles y poco humanos. Libertad para seguir pidiendo justicia y sembrando caridad.
Ojalá que estas noticias tristes no acaben con la Esperanza en los seres humanos de buena voluntad que ven en quienes tienen en frente, no un objeto de cambio, sino una persona con dignidad y derechos, con libertad para elegir quién es.