Es tiempo de dar amor
Maria Angeles Altozano 14 de Febrero de 2026De amar a quien se conoce y se quiere, sí. Porque ponen cuidado, mimo y respeto. Porque nos agradan. Porque nos hacen reír. Porque nos preocupan sus cosas.
Pero también de amar –o, mejor dicho, de aprender a amar– lo que no se conoce. Una nueva vecina que se instala en el barrio, con la que podemos compartir una afición. Las familias de al lado, que han montado una tienda de arreglos de ropa y les va muy bien. La joven que te sonríe, que acaba de graduarse y está haciendo prácticas en tu centro de salud. Juan, el vecino mayor de la primera planta que siempre da los buenos días. Y más allá aún. De amar a quienes no nos quieren, porque no habrán tenido la oportunidad de conocernos de verdad, o de conocerse. Se ama a las personas con quienes creamos cohumanidad.
De amar lo que hacemos. El trabajo que nos da comer, y el que nos hace soñar. Las tareas elegidas, junto a las impuestas. El autobús que se marcha sin nosotros, y el tren que cogemos a tiempo. El café con prisas de la mañana y las cenas en familia. Se aman las escapadas que rompen esa rutina, porque nos permiten volver en paz a ella.
De amar lo que nos rodea. Los días de sol o, incluso, de lluvia. La calma, o el ajetreo que indica que hay vidas rehaciéndose cada amanecer. La nostalgia, o la alegría de la bienvenida. Se ama la soledad que se desea y el abrazo que damos en el reencuentro.
De amar sin querer, como amamos las flores, la música o los colores del cielo solo porque nos inspiran. Y de amar con voluntad. Porque quiero tu presencia cercana; porque quiero que te vaya bien. Se ama en silencio o en la distancia, pero no de lejos.
De amar sin esperar nada a cambio, desde la empatía, sin pretensión de poseer. Como nos ama Él. Por eso en español tenemos este verbo que no existe en todos los idiomas, amar, sin un sujeto que impere y anteponga sus deseos.
En Cáritas Madrid conocemos muchas formas de amar, desde la incondicional del voluntariado hasta la condicionada por encontrar a quienes de verdad sean red de apoyo para las personas más vulnerables o heridas, esas, las ‘desamadas’. Ante la fragilidad y el dolor, hay un modo de amar que sana, amor que reconstruye frente al mal amor que lo había arruinado todo. Lo vemos cada día: entre tanta suspicacia e intolerancia política y social, hay necesidad de amar. Personas deseando ser amadas y personas deseando amar.
Frente a la vulnerabilidad a flor de piel y a ras de tierra, elijamos amarnos. Es tiempo de amar.