El cardenal José Cobo: “La Pascua no es recuerdo, es una presencia viva”
Pilar Algarate Pilar 5 de Abril de 2026La catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este Domingo de Resurrección una celebración marcada por la alegría y la esperanza, con el templo abarrotado de personas que han querido celebrar la Pascua, corazón de la fe cristiana.
En su homilía, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha subrayado que la Resurrección no es solo una fecha en el calendario, sino “una irrupción en nuestra vida”, una oportunidad para abrir los ojos y descubrir que Dios sigue llamando a cada persona a una vida nueva, una vida resucitada.
“El camino que hemos recorrido nos prepara para este momento”, ha señalado, invitando a centrar la vida en lo esencial: “poner los ojos en Dios, escucharle más y dejar que reordene nuestra vida y nuestras comunidades”.
Una llamada que no se queda en lo individual, sino que impulsa a mirar la realidad con profundidad, reconociendo que la fe tiene consecuencias concretas en la forma de vivir, de relacionarse y de construir comunidad.
El arzobispo ha puesto el acento en una realidad que interpela especialmente hoy: un mundo “herido, tenso y, en muchos lugares, atravesado por la violencia y la desesperanza”. Ante esta situación, ha recordado que la Pascua no aleja del sufrimiento, sino que permite atravesarlo desde la certeza de que “la vida ha vencido”.
En este sentido, ha invitado a no quedarse en el dolor o en una vivencia superficial de la fe: “Es fácil quedarse en el Viernes Santo, pero la Pascua nos recuerda que Dios sigue actuando hoy, también en medio del silencio y de la fragilidad”.
Uno de los ejes centrales de la homilía ha sido la invitación a descubrir la presencia de Cristo en las heridas del mundo. “Para encontrar al Resucitado, podemos acercarnos a las personas pobres, enfermas, solas o víctimas de la violencia”, ha afirmado.
Desde esta mirada, la caridad se entiende como algo esencial: “No es un añadido, es un acto pascual, es anunciar con la vida que el amor es más fuerte que la muerte”.
El Cardenal ha destacado también la importancia de construir comunidades vivas, capaces de acoger, reconciliar y caminar juntas. “La Pascua no crea personas aisladas, crea un ‘nosotras y nosotros’”, ha señalado.
Ha animado a cuidar espacios donde la fe se traduzca en relaciones concretas, en cercanía y en compromiso con la realidad, especialmente allí donde la vida parece más frágil.
Finalmente, ha invitado a ser personas de paz en medio de un mundo marcado por la división. “La violencia nace muchas veces de haber perdido la esperanza en las demás personas”, ha explicado.
Frente a ello, ha propuesto una paz “desarmada y desarmante”, que nace de creer en el bien del otro y de abrir caminos de encuentro, diálogo y reconciliación.
La celebración, en la que también se han celebrado bautismos, ha sido signo de esa vida nueva que comienza y que se renueva en cada persona y en cada comunidad.
“Hoy el Resucitado está en medio de nosotras y nosotros”, ha concluido el cardenal, animando a reconocer los brotes de vida nueva que ya están surgiendo y a ser testigos de esperanza en la vida cotidiana.