El cardenal Cobo: “La cruz no es derrota, es el amor de Dios llevado hasta el extremo”
Pilar Algarate Pilar 3 de Abril de 2026La celebración de la Pasión del Señor en la catedral de la Almudena ha estado marcada por el silencio, la sobriedad y una profunda invitación a contemplar el sentido de la cruz en la vida de las personas. En un templo con el altar desnudo y sin ornamentos, la liturgia del Viernes Santo ha reunido a numerosos fieles en torno a un misterio que, como ha señalado el cardenal José Cobo, “no deja nunca de herir el corazón”.
El arzobispo de Madrid ha iniciado la celebración con la tradicional postración en el presbiterio, signo de humildad y de comunión con el dolor del mundo. En este día, en el que no se celebra la Eucaristía, la cruz se convierte en el centro de la liturgia.
Una historia que sigue interpelando
Durante su homilía, el cardenal Cobo ha subrayado que el relato de la Pasión no es un recuerdo lejano, sino una realidad que sigue tocando la vida de las personas. “Estamos ante el misterio central de nuestra fe”, ha afirmado, recordando que la cruz no es un desenlace trágico, sino la expresión de un amor que llega “hasta el extremo”.
En este sentido, ha destacado que la cruz revela a un Dios que no se retira ante el sufrimiento humano, sino que lo asume y lo atraviesa. “La cruz es la pasión de amor de Dios por la humanidad”, ha señalado.
El amor en medio del sufrimiento
El arzobispo ha querido desmontar la idea de que el cristianismo glorifica el dolor. “Jesús no ha sacralizado el sufrimiento, lo ha santificado atravesándolo”, ha explicado. Por eso, ha insistido en que lo que transforma no es el dolor en sí mismo, sino el amor que se entrega en medio de él.
Una afirmación que sitúa la cruz no como símbolo de resignación, sino como una llamada a descubrir la fuerza del amor en medio de las situaciones más difíciles.
Mirar el mundo desde la cruz
Uno de los ejes centrales de la homilía ha sido la invitación a cambiar la mirada. El cardenal ha animado a contemplar la realidad desde el pie de la cruz, donde se hacen visibles tantas personas que hoy siguen sufriendo: víctimas de la guerra, personas refugiadas, familias golpeadas por la violencia o quienes viven situaciones de exclusión en nuestras ciudades.ñ
“Cada vida rota es una herida abierta en el corazón de Dios”, ha afirmado, subrayando que el Viernes Santo es también una llamada a no acostumbrarse al dolor ni a justificar la violencia.
El perdón, camino de paz
En este contexto, el cardenal Cobo ha recordado que Jesús responde a la violencia con el perdón. “Padre, perdónalos”, ha evocado, señalando que ahí se encuentra la verdadera fuerza transformadora.
“La paz no se construye con discursos, sino con vidas entregadas y con perdón”, ha afirmado, invitando a apostar por caminos de reconciliación en medio de un mundo marcado por la violencia.
Testigos al pie de la cruz
El arzobispo ha insistido en que las personas creyentes no son espectadoras de la cruz, sino parte de ella. “Somos testigos al pie de la cruz”, ha señalado, recordando que Dios sigue queriendo amar al mundo a través de cada persona.
Así, cada gesto de cuidado, cada acto de misericordia y cada compromiso con quienes sufren se convierten en una prolongación de ese amor que se entrega.
La cruz, abierta a la esperanza
La celebración ha culminado con la adoración de la cruz, uno de los momentos más significativos del Viernes Santo. Un gesto que, como ha explicado el cardenal, no se dirige al sufrimiento, sino al amor que en ella se manifiesta.
Porque, como ha recordado, la cruz no tiene la última palabra. La Pascua abre un horizonte de esperanza en el que la vida vence a la muerte y el amor se impone sobre la violencia.
“Que sepamos reconocer a los crucificados de nuestro mundo y seamos, en medio de él, artesanos de paz”, ha concluido el arzobispo.