Domingo de la Divina Misericordia: la fe que crece en medio de la duda
Pilar Algarate Pilar 12 de Abril de 2026El segundo domingo de Pascua, se celebra la fiesta de la Divina Misericordia, instituida por san Juan Pablo II. Lecturas del día: Libro de los Hechos de los apóstoles (2,42-47). Sal 117. Primera carta del apóstol san Pedro (1,3-9). Evangelio según San Juan (20,19-31): "Bienaventurados los que crean sin haber visto".
El segundo domingo de Pascua nos sitúa en el corazón de la comunidad creyente, todavía marcada por el miedo, la incertidumbre y las heridas. Y es precisamente ahí, en medio de esa fragilidad, donde Jesús resucitado se hace presente y pronuncia una palabra que lo cambia todo: “Paz a vosotros”.
No es una paz superficial, sino una paz que nace del perdón, de la misericordia y de la confianza en que la vida tiene la última palabra. Por eso, la Iglesia celebra hoy el Domingo de la Divina Misericordia, instituido por Juan Pablo II, recordándonos que el amor de Dios siempre es más grande que nuestras heridas.
El Evangelio nos muestra también el proceso de Tomás Apóstol, que representa tantas búsquedas humanas. La duda no es el final del camino, sino un lugar posible de encuentro. Jesús no rechaza a quien duda, sino que sale a su encuentro, respeta su proceso y le invita a dar un paso más: confiar.
Creer hoy sigue siendo un desafío. También hoy nos cuesta reconocer que aquel a quien mataron por anunciar el amor, la justicia y la dignidad de todas las personas, está vivo y camina con nosotras y nosotros. Pero la Pascua nos invita, poco a poco, a dejarnos transformar por esta certeza.
En este camino, también resuenan llamadas actuales que nos impulsan a mirar más allá. En estos días se ha presentado el lema del viaje del Santo Padre a España, promovido por ConElPapaMadrid: “Alzad la mirada”, una invitación a no quedarnos en nuestras dudas o miedos, sino a abrirnos a la esperanza compartida. Incluso se ha confirmado un primer lugar de encuentro, la Plaza de Cibeles, como signo de una Iglesia que quiere reunirse, celebrar y caminar unida.
La comunidad cristiana, como vemos en los Hechos de los Apóstoles, crece cuando comparte, cuando cuida, cuando pone en común lo que tiene. La Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado: es una fuerza que sigue reconstruyendo comunidades, generando fraternidad y sosteniendo la esperanza en medio del mundo.
Hoy también estamos llamadas y llamados a dejarnos tocar por el Resucitado, a reconocer sus llagas en las heridas de tantas personas, y a ser testigos de una vida nueva que se abre paso, incluso en medio de la dificultad.
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Preguntas para la Reflexión
- ¿Qué miedos o incertidumbres están hoy presentes en nuestra vida o en nuestras comunidades?
- ¿Cómo vivimos nuestras dudas de fe? ¿Nos alejamos o las compartimos para crecer en comunidad?
- ¿En qué situaciones concretas reconocemos hoy las “llagas” de Cristo en las personas más vulnerables?
- ¿Qué significa para nosotras y nosotros “alzarnos la mirada” en este momento de nuestra vida?
- ¿De qué manera podemos ser hoy portadoras y portadores de paz, misericordia y esperanza en nuestro entorno?
Oración
Jesús Resucitado…
Dame tu Espíritu para ser instrumento en tus manos. Dame tu Espíritu para que mi amor dé frutos que dan Vida. Dame tu Espíritu para verte presente en los más pequeños, frágiles y vulnerables. Dame tu Espíritu para ser testigo de tu Esperanza. Dame tu Espíritu para no dejarme dominar por los poderes, criterios y afanes de este mundo. Dame tu Espíritu para descubrir tu Presencia en lo sencillo, lo pequeño y cotidiano de mi día a día. Dame tu Espíritu para buscar hacer siempre tu voluntad, saber discernir en cada momento, cuál es mi pequeña parte para hacer presente una pequeña parcela de tu Reino.
Jesús Resucitado…
Enséñanos a no contentarnos con amar sólo a nuestros amigos y familiares. a lo que llamamos “nosotros” y “nuestros”, a los que creen y piensan como nosotros. Enséñanos a pensar en “los otros”, y a convertirlos en “nosotros” también, a acoger, aceptar y amar fraternalmente a quien no piensa, o no cree como nosotros. Enséñanos a amarnos unos a otros como hermanos/as, porque somos de la misma familia humana, porque somos hijos e hijas del mismo Dios, que nos creó para mar y ser amados. Danos la gracia de sentir la injusticias, miserias y pobrezas de nuestro mundo, como algo propio, que nos afecta y conmueve, y luchar personal y comunitariamente contra ello. Líbranos siempre de nuestro ego, para que cada vez sea más pequeño, y así sea más grande nuestro corazón… para hacerlo todo desde ahí, donde tú nos habitas resucitado.
Jesús Resucitado…
Dame unos ojos que sepan distinguir los mil colores del dolor, la pobreza, la marginación, el sufrimiento... Dame unos oídos capaces de escuchar los gritos callados de tantas personas desamparadas… Dame unos labios capaces de sonreír con el que ríe y sentir emoción con el que se emociona. Dame un corazón con las puertas abiertas al débil y al diferente. Dame una cabeza bienpensante, que no se ciegue con prejuicios de raza, credo o lengua. Dame unos pies ligeros para correr en la ayuda de mi prójimo herido, y el compromiso por la justicia. En resumen: Dame una fe tan fuerte, que sepa verte y responder A TU MIRADA.
Guion oración Cáritas Diocesana de Valencia, abril 2025